Neanias

Dels meus mestres n'he après molt; dels companys, més; dels meus alumnes, més encara.

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La antecámara del fascismo

Publicat per neanias a 15 Setembre 2009

Silvio Berlusconi es un autócrata. Por lo tanto, no es exactamente un demócrata. Considera legítimo irse a cenar con uno de sus jueces (en el sentido literal, puesto que deberá determinar el próximo 10 de octubre si su ley de autoinmunidad es constitucional) y no cree conveniente rechazar una invitación para celebrar los 18 años de una muchacha de Caloria, localidad napolitana donde las personas de bien se ven sofocadas por el aire que allí se respira, completamente impregnado de Camorra. Pero, por encima de todo, es alérgico a la sana información.

¿Qué información puede haber en Italia si Berlusconi elimina la libertad de obtener y publicar noticias?

Para el totalitarismo hoy no hacen falta tanques, botas y camisas negras

Para él, un periodista que critica cuando hay algo que criticar en la acción del Gobierno o en la de la oposición, no es un periodista equilibrado: es un periodista comunista. El periodista objetivo es sólo aquel que elogia, y que sólo le elogia a él. Por lo demás, ¿no ha llegado a autodefinirse como el mejor jefe de Gobierno de los últimos 150 años, es decir, desde la misma unidad de Italia? Considera obligado proclamar, más que dejarse entrevistar, cuando son tantas las preguntas a las que debería contestar.

Es un momento realmente angustioso el que está viviendo el sector de la información en Italia. Sometido a dura prueba por Silvio Berlusconi, inicialmente jefe de un grupo de empresas, más tarde jefe de un partido, después jefe de una coalición y al final jefe del Gobierno (¿en qué lugar del mundo ocurre algo así, que una sola persona posea la mitad de las televisiones y la mitad del negocio publicitario, y controle la otra mitad, es decir, el total, cada vez que gana las elecciones?), y por cuanto está llevando a cabo como jefe del Gobierno y como empresario: una ley que limita las escuchas telefónicas (amputando así el ejercicio eficaz de la función indagatoria de los jueces y privando a la opinión pública de la información sobre las investigaciones más importantes).

Y, más insidioso aún, la invitación realizada por Silvio Berlusconi, empresario, editor y presidente del Gobierno, para que no se contrate publicidad en los medios que duden de las declaraciones optimistas de la mayoría parlamentaria y del Gobierno acerca de la crisis financiera, económica e industrial (lo que recuerda mucho el oficio del personaje de Orwell en su novela 1984).

Por decirlo en términos anglosajones: ¿qué clase de perros guardianes (watch-dog) son aquellos a los que se priva de colmillos y de ladridos? Hay buenas razones para dudar de su eficacia. Si los periodistas están obligados a ser los perros guardianes del poder, ¿qué información puede haber en Italia si les quita el derecho a la noticia, la libertad de obtenerla y la libertad de publicarla? Se trata de la antigua cuestión de qué clase de editor periodístico es mejor, el puro (que vive únicamente de su periódico) o el impuro, para quien las empresas periodísticas son sólo una parte de su actividad industrial.

En Italia es un problema antiguo y moderno. En los años sesenta, un petrolero y editor aseguró su neutralidad ante el nacimiento del gobierno de centroizquierda liderado por Aldo Moro a cambio de beneficios en el sector del gas para uso doméstico. Hace dos años, Dolce y Gabbana, ante una crítica bien fundada de Il Sole 24 ore, el periódico de la Asociación de Industriales, acerca de la calidad de los alimentos servidos en su nuevo restaurante, retiraron todo el presupuesto publicitario que destinaban a dicho diario.

Pero con Berlusconi en el poder la antigua cuestión ha adquirido un nuevo envoltorio. Como ha afirmado recientemente, “La televisión es mejor que los periódicos”. Sobre la televisión ejerce un control directo (como propietario y como líder del Gobierno). Sobre los periódicos, indirecto (a través de la concesionaria de publicidad de Mediaset y en su condición del más poderoso miembro de la Asociación de Industriales). Pero con el diario de su hermano ha inaugurado una nueva estrategia. Acaba de nombrar a un nuevo director de su total confianza y en el curso de una semana ha debido (¿querido?) disociarse de él ya dos veces. La primera, a causa de las noticias publicadas sobre el director del periódico de la Conferencia Episcopal italiana, que amenazaban con comprometer las relaciones con la Iglesia de Roma y con el electorado católico de su partido. La segunda, por un furibundo editorial contra el presidente del Parlamento. En el curso de 48 horas ha exigido una compensación judicial de miles de millones de euros a Repubblica y al periódico de la oposición. A este show down ha llegado después de que estallara el caso de las prostitutas de lujo, pero antes no se había quedado con los brazos cruzados, desde luego.

Lo que sí puede decirse es que Silvio Berlusconi ha cambiado de método respecto a 1994 o a 2001. Ya no hay campañas de fichajes en campo adversario (Michele Santoro, uno de los más notorios periodistas de ultraizquierda de la RAI, la televisión estatal, trabajó en 1996 para Mediaset, el grupo televisivo de Berlusconi: pero incluso antes, en los años ochenta, lo hicieron también otras prestigiosas firmas periodísticas como Giorgio Bocca, Repubblica, y Arrigo Levi, La Stampa). Tampoco hay ya edictos de condena al ostracismo. Con presiones oblicuas o explícitas, pero irresistibles en cualquier caso, afirmó en el otoño de 2008 que determinados directores de un cierto número de medios debían cambiar de oficio. El primero en marcharse a casa, hace un año, fue el director de Radio 24 (la radio de la Asociación de Industriales), y después instaló a Gianni Riotta en la dirección de Il Sole 24 ore (con estos cambios el grupo editorial entró en una aguda fase de crisis después de un pasado de grandes éxitos). Una vez eliminado de la dirección de La Stampa de Turín Giulio Anselmi (una de las voces más inteligentes del periodismo italiano con una de las trayectorias más destacadas por su prestigio y responsable autonomía, convertido hoy en presidente de la agencia de noticias Ansa), también el Corriere della Sera sustituyó a su director Paolo Mieli. Más tarde Berlusconi situó a Augusto Minzolini como jefe del TG1, el telediario de la primera cadena de la RAI (primer resultado evidente: completo silencio sobre el asunto de las prostitutas proporcionadas al jefe del Gobierno en su residencia privada de Villa Certosa y en su residencia oficial romana de Palazzo Grazioli); una vez cambiado el director de los noticiarios radiofónicos de la RAI y, dado que el apetito crece comiendo, están al caer numerosos cambios en el tercer canal televisivo de la RAI, último reducto del progresismo televisivo. Desaparecerán sus programas más emblemáticos, como Que tempo que fa, el popular talk show del fin de semana, así como el magacín de investigación de escándalos político-financieros Report, y sufrirá muchos cambios Ballarò, el programa semanal de actualidad política. Hasta hoy, la RAI3 estaba brillantemente dirigida por un católico. Para la dirección del Telediario de RAI3 se postula como sólido candidato Enrico Mentana, director durante más de 10 años, desde el principio, del telediario del berlusconiano Canale 5, hoy distanciado (¿aparentemente?) del mejor jefe de Gobierno que Italia ha tenido jamás.

Todo ello en ausencia de proclamas. Con una soga que envuelve cada vez con más fuerza la garganta de la información libre (y responsable). No hemos llegado al fascismo, pero sí a su antecámara, sin duda alguna. Hoy no hacen falta uniformes, tanques, botas o camisas negras. Basta con el arma envilecedora de una información obsequiosa.

GIANCARLO SANTALMASSI
El Pais 15/09/2009
Traducción de Carlos Gumpert.

Giancarlo Santalmassi es periodista italiano, ex director de Radio RAI y Radio 24.

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Presons a l’Argentina

Publicat per neanias a 27 Juliol 2009

Horror en las cárceles argentinas

El sangriento motín en una cárcel de Córdoba, en febrero pasado, es apenas la última manifestación de un sistema atroz. Es paradójico que en pleno auge del discurso securitario se omita considerar la trascendencia de la cuestión carcelaria para la paz social y el orden público. La República Argentina incurre en este ámbito en graves violaciones al derecho internacional y a su propia Constitución Nacional.

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–> La demagogia punitiva que exalta la función del castigo como única vía de reducción del delito pretende una reacción rápida y contundente para quien infringe la norma penal. Su neutralización y restricción ambulatoria a través del encierro. Pero suele guardar silencio respecto de los principios que deben orientar la aplicación de la pena. Y mucho más aun acerca de la efímera capacidad resocializadora de la realidad penitenciaria argentina.

Esa condescendencia para con las inhumanas condiciones de detención descalifica, tal vez como ningún otro argumento o circunstancia, la exaltación del castigo que propugnan los partidarios de la inflación punitiva. Más propensos a la realidad de las mazmorras y al oscurantismo medioeval, éstos aspiran a reducir el derecho penal a la calidad de fetiche por medio del cual doblegar a los “cuerpos indóciles” que ponen en crisis los modelos vigentes de orden social.

Al hacinamiento y deterioro que caracterizan a las cárceles argentinas ha contribuido una circunstancia que aqueja desde hace décadas a los sistemas penales contemporáneos: la pretensión de dar solución, mediante su manipulación, a conflictos que carecen de naturaleza punible y que deberían ser en cambio encarados en el campo de intervención del derecho administrativo o del derecho civil.

Así, resulta que la experiencia carcelaria se inscribe dentro de una lógica que, de hecho, reduce a cero los derechos de las personas confinadas. Los principios constitucionales que establecen las finalidades resocializadoras de la pena, y las condiciones de higiene y salubridad que deben regir durante su aplicación, verdaderos logros del iluminismo penal, han sido paulatinamente borradas de la superficie política e institucional.

Esto es consecuencia, entre otros motivos, de un interés centrado más en la letra de las leyes penitenciarias que en la observación minuciosa de la cultura autoritaria y la ideología que sustenta la vida en el interior de esa institución de secuestro que es la cárcel. Esto no sólo legitima las actuales formas de intervención ejecutivo-penal, sino que, simultáneamente, las torna impermeables al desarrollo de una cultura democrática y al respeto a los derechos fundamentales 1.

El profundo deterioro de las instituciones penitenciarias en toda la geografía nacional viene acompañado, salvo honrosas excepciones, de la indiferencia de la clase política. Tan sólo en ocasión de los motines y tragedias que se suceden a menudo, como ocurrió en febrero pasado en una cárcel cordobesa, los representantes de la ciudadanía y algunos jueces se acuerdan de su existencia y del carácter residual otorgado a los reclusos.

Cambiar el rumbo

En los últimos meses, sin embargo, se han alzado numerosas voces que llaman a cambiar el rumbo de tan sórdida deriva. Por ejemplo, la Junta Federal de Cortes y Superiores Tribunales de Justicia (JUFEJUS), que en noviembre pasado señaló que la situación de las 9.800 personas detenidas en cárceles federales del país incumplen con lo dispuesto en los artículos 18 y 75 de la Constitución Nacional 2.

También en noviembre pasado, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación comunicó al Gobierno de la Provincia de Río Negro su profunda preocupación por las condiciones de detención de las personas alojadas en la cárcel de encausados de la ciudad de General Roca. Y le recomendó intensificar las acciones tendientes a “hacer cesar los tratos crueles, inhumanos y degradantes constatados durante la visita”, coincidentes con los denunciados por el Grupo de Trabajo y Estudio de Derechos Humanos y Personas Privadas de su Libertad (GTEDHPPL), que incluso motivara el reclamo de la Federación Internacional de Derechos Humanos.

El informe del GTEDHPPL confirmó que 477 internos se hallaban en situación “muy crítica”, signada por la falta de separación entre condenados y procesados y entre menores y adultos. Que los reclusos no disponen de recursos para trabajar y estudiar y que son muchísimos los detenidos que duermen en el suelo, algunos sin siquiera un colchón. Las condiciones edilicias, según el informe, resultan pésimas: cloacas obturadas, cableado eléctrico externo en absoluta precariedad, prácticamente todas las ventanas sin vidrios y muchas de las cañerías rotas.

La situación en la cárcel de Mendoza no es mejor. Luego de la denuncia formulada por un grupo de abogados en relación a las condiciones de detención que sufren los alojados en la penitenciaría local, tomó cartas en el asunto la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). El máximo tribunal del continente hizo lugar a la medida cautelar solicitada a fin de garantizar la vida de los 2.000 internos de esa prisión, considerada como una de las más calamitosas en toda Latinoamérica, cuya capacidad está excedida en un 280% 3.

La medida cautelar es un mecanismo contemplado en el Pacto de San José de Costa Rica, originado en un pedido de intervención urgente ante la sospecha de que los derechos fundamentales corren serios riesgos de ser vulnerados en algún sitio. En estos casos, la CIDH tiene el poder de corroborar la denuncia y luego expedirse ante el Estado denunciado. Así sucedió respecto del Estado argentino, el que a través del Ministerio de Relaciones Exteriores comunicó al Estado provincial (Mendoza) la magnitud del problema planteado a la Corte: 15 internos muertos en apenas diez meses, entre otros.

Sin embargo, ante la resistencia e inacción del gobierno mendocino, una delegación de la Comisión Interamericana viajó en diciembre pasado a Argentina. Luego de entrevistarse con el presidente Kirchner, la delegación de la CIDH visitó la cárcel de Mendoza en compañía del secretario de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Duhalde. Desde 1979, en plena dictadura militar, la CIDH no realizaba una visita in loco a Argentina.

Este llamado de atención al país se apoyaba en un antecedente reciente: en Ginebra, durante la 33ª Reunión del Comité contra la Tortura de la ONU, se recomendó a Argentina que prohibiese el alojamiento de menores en comisarías. Fueron tantas y tan graves las denuncias respecto de las torturas y los abusos allí registrados, que el dictamen del Comité adquirió un tono contundente y sin ambages 4.

La “solución” privatizadora

La privatización de algunos segmentos del sistema penal es un dato insoslayable de la realidad. En Argentina comenzó a principios de los años ‘90 con la arrolladora aparición de las policías privadas y continúa. La era de las cárceles con fines de lucro se inició a mediados de 1980 en Estados Unidos. Kentucky fue el primer Estado que le entregó el manejo completo de una prisión a una empresa, y desde entonces son más de 140 los centros penitenciarios privados y más de 140.000 las personas alojadas en sus instalaciones. A partir de 1983 este sector ha venido experimentando un crecimiento geométrico: 4.630 plazas en 1988; 32.555 en 1993; y 132.572 en 1998 5.

Actualmente son 17 las empresas que se reparten el mercado de esta poderosa industria privada. Ofrecen un amplio menú de bienes y servicios que van desde los proyectos arquitectónicos y financiamiento para la construcción, hasta el mantenimiento, la administración, el contrato de seguros, la provisión de empleados y la búsqueda y transporte de presos.

Como subraya el sociólogo Loïc Wacquant en Las cárceles de la miseria 6, la hiperinflación carcelaria en Estados Unidos ha propiciado el vertiginoso desarrollo del sector privado, que inclusive cuenta con una revista, la Correctional Building News, con una tirada de 12.000 ejemplares.

En Argentina el proceso se ha puesto en marcha a través de la concesión de ciertos servicios penitenciarios a empresas privadas. En el marco de las actuales restricciones presupuestarias y crisis fiscal, esta opción suscitó desde el comienzo una gran expectativa por parte de las autoridades. La primera cárcel de gestión privada y fines de lucro fue pactada en 1999 entre el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, la Secretaría de Justicia provincial y una empresa particular 7.

Se trata de una “cárcel factoría” establecida en el partido de Saavedra, cuya cabecera es la ciudad de Pigüé. El constructor y dueño del establecimiento tiene a su cargo la alimentación y salud de los internos, así como el mantenimiento del edificio. Como contraprestación cobra un canon por cada interno que aloja, con derecho a comercializar el producto de su trabajo. La vigilancia, tratamiento y rehabilitación de los reclusos se encuentran, según lo pactado, dentro de la órbita estatal.

Los defensores de las cárceles privadas aseguran que combinan beneficios tales como calidad de construcción, eficiencia y adecuada administración, así como una considerable merma del costo preso/día. Los contratos de administración carcelaria entre el gobierno y las empresas privadas suelen estipular tarifas fijadas explícitamente por debajo de lo que le ha costado a la entidad pública administrar la cárcel en años anteriores, o sobre proyecciones de lo que le costaría al administrador público en el futuro inmediato.

Pero uno de los aspectos más controvertidos es la explotación de la mano de obra de los reclusos. De hecho, empresas como Microsoft, TWA, Boeing, Konica, Jansport y Victoria’s Secret se benefician, a través de subcontratistas, de sus servicios. Situación que condujo a la Organización Internacional del Trabajo (OIT) a señalar, en 1998, que el trabajo “forzoso” ha evolucionado en los últimos años, pasando de la esclavitud a la servidumbre por deudas; luego al trabajo por motivos políticos y ahora a la explotación del trabajo realizado por reclusos y reclusas.

Ya entonces la Subcomisión de Prevención de Discriminaciones y Protección a las Minorías de las Naciones Unidas había recomendado la realización de “un estudio a fondo sobre todas las cuestiones relativas a la privatización de las cárceles, incluida la obligación de respetar e instrumentar la legislación vigente en el país de que se trate y la posible responsabilidad civil de las empresas administradoras de cárceles privadas y sus empleados”.

Restaría en lo sucesivo analizar si los mandatos constitucionales vinculados a las personas privadas de su libertad, incumplidos hasta la actualidad, pueden ser realizados en un ámbito delegado en manos privadas. Si estos nuevos gestores de políticas públicas resultan capaces de compatibilizar el lucro con el bien colectivo y, en definitiva, si esta práctica carcelaria no retrotrae el sistema a la premodernidad.

Si se analiza y toma como parámetro el desarrollo y las prácticas de la seguridad privada en Argentina, sobre todo en lo concerniente a las policías corporativas, no existen motivos para abrigar expectativas de progreso. Por el contrario, todos los vicios que carcomen a la estructura policial tradicional se reproducen en el ámbito privado, potenciados por el afán de lucro y falta de control estatal 8.

Abandono e inflación punitiva

Una de las principales razones que hacen al abandono en que se encuentran los reclusos es que, una vez impuesta la condena y efectivizada su privación de la libertad, el tribunal que dispuso la condena los olvida por completo. Para evitarlo, la Ley 24.660, que entró en vigencia el 16 de julio de 1996, creó una serie de jueces prioritariamente dedicados a los condenados, con el fin de velar por sus derechos y mantener un seguimiento que les permita observar su progresiva evolución. Son los llamados jueces de ejecución penitenciaria.

Sin embargo, desde la entrada en vigor de esa norma apenas se pusieron en marcha unos pocos juzgados de ejecución con la obligación de enfrentar una masa de trabajo importantísima y difícilmente abordable: asegurar el respeto de los derechos humanos de los internos y resolver todo incidente o cuestión que se presente durante la ejecución de la pena. Pero también, simultáneamente, controlar que el detenido cumpla con las imposiciones establecidas en los casos de suspensión del procedimiento a prueba y verificar la reinserción social de las personas que estén con libertad condicional.

Esto determina, en la práctica, la imposibilidad de los jueces para verificar en qué estado se encuentran los internos a su cargo y cuáles son los problemas de la unidad penitenciaria donde están alojados. Esa dificultad supone también la delegación de funciones jurisdiccionales en la administración penitenciaria, que ante la falta de control por parte del juez de ejecución gobierna a los presos a su antojo. De modo tal que puede omitir brindar el tratamiento dispuesto por la ley, manejar el régimen de progresividad como le convenga y decidir arbitrariamente sobre los traslados, las visitas, el ingreso de objetos y correspondencia, así como las condiciones de alojamiento imperantes.

Otro tanto cabe decir acerca de lo que se conoce como “tratamiento”, un cuadro de intervenciones destinado a obtener una mera adhesión de conducta por la vía de un sistema de premios al acatamiento de la autoridad institucional. Esos premios, que se otorgan sobre una base legal (progresión de grado y permisos de salida), responden sin embargo a unas técnicas psicológicas de reflejos provocados que, obviamente, poseen un efecto limitado en el tiempo y se orientan a obtener un resultado inmediato, condicionado a una meta prefijada 9. Resulta evidente que el objetivo de resocialización previsto por la ley de ejecución penitenciaria para las penas privativas de libertad no puede alcanzarse mediante semejantes técnicas de sumisión.

Entre tanto, el número de personas privadas de su libertad no cesa de aumentar. Tan sólo en la provincia de Buenos Aires existen 25.000 presos , que aumentan a un ritmo de 300 por mes. Según datos oficiales, la tasa de encarcelamiento creció en esa provincia un 109% en los últimos ocho años, mientras que en igual período en Estados Unidos aumentó un 19% y en Chile un 73% 10.

Las cárceles argentinas deslegitiman día a día la pretensión punitiva del Estado, al incumplir con los requisitos básicos de orden constitucional que la fundamentan y le dan razón ontológica. Y ni hablar de los estándares y reglas de tratamiento de los reclusos fijados por las Naciones Unidas. Entre tantos asuntos de la “deuda interna” argentina, no son menores las urgentes modificaciones necesarias en el ámbito carcelario, marcado por una indisimulable cultura autoritaria y la violación sistemática de los derechos humanos.

  1. Roberto Bergalli, “Cárcel y Derechos Humanos”, Revista de la Asociación de Ciencias Penales de Costa Rica, julio de 1993.
  2. El artículo 18 de la Constitución Nacional establece que “… las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquélla exija, hará responsable al juez que la autorice”.
  3. “Por primera vez en Argentina la CIDH intima a regularizar la situación de los presos en las cárceles mendocinas”, Equipo Nikzor, 10-12-04.
  4. “La ONU preocupada por los menores en comisarías”, Página/12, Buenos Aires, 24-11-04.
  5. Al respecto, entre otros, el informe del National Center for Policy Analysis, “Private prisons succeed”; y los datos expuestos en Private Prison Administration.
  6. Publicado por Manantial, Buenos Aires, 2000.
  7. “Llega la cárcel privada a Buenos Aires”, La Nación, Buenos Aires, 25-10-99.
  8. Martín Lozada, Seguridad privada. Sus impactos en el Estado de Derecho, Abaco-Depalma Editor, Buenos Aires, 2000.
  9. Roberto Bergalli, ¿Readaptación social por medio de la ejecución penal?, Publicaciones del Instituto de Criminología, Universidad de Madrid, Madrid, 1976.
  10. Virginia Messi, “Cada mes hay 300 presos más en las cárceles bonaerenses”, Clarín, Buenos Aires, 13-12-04.

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AFSCME: Els costos de les presons privades

Publicat per neanias a 27 Juliol 2009

El Historial de las Cárceles Privadas No Indica que Sean Significativamente Más Económicas

Dos son los factores primarios que orientan la mayoría de las decisiones de privatizar los establecimientos penitenciarios: la necesidad de aliviar el hacinamiento y de ahorrar el dinero de los contribuyentes.

Los proponentes de la privatización de las cárceles sostienen que las firmas con fines de lucro pueden manejar las cárceles más económicamente que el gobierno. Las compañías prometen regularmente que obtendrán ahorros de entre 15 y 20 por ciento.

En realidad, la promesa de los ahorros resulta ser una gran exageración. Numerosos son los estudios que indican que hay poca o ninguna diferencia entre los costos relacionados con los establecimientos penitenciarios públicos y los que funcionan con fines de lucro. A continuación se describen varios de estos estudios:

* En 1999 investigadores de la Universidad de Cincinnati analizaron 33 evaluaciones de rentabilidad, realizadas por 24 estudios comparativos independientes sobre las cárceles manejadas por el gobierno y sobre las privatizadas con fines de lucro.

Los resultados revelaron que las cárceles privatizadas no son más rentables que las que maneja el gobierno, y que otras características institucionales tales como el tamaño de los establecimientos, su antigüedad y el nivel de seguridad, eran los indicadores más significativos del costo diario de la prisión. 17

* En septiembre de 1999, en la Cuarta Conferencia Anual de Privatización de Establecimientos Penitenciarios, Dennis Cunningham, administrador de cárceles privatizadas del Departamento de Cárceles de Oklahoma, presentó datos comparativos de costos de las cárceles privatizadas y de las públicas en Oklahoma.

El análisis mostró que en 1999 el costo promedio de alojamiento de un preso en una prisión del gobierno en dicho estado — $41.57 por día — era menos que el costo de alojamiento de un preso en cualquiera de las cárceles de propiedad privada del estado. 18

* El Procurador General recibió un mandato del Congreso para estudiar la privatización penitenciaria, incluyendo un análisis de su rentabilidad. El estudio del año 1998 llegó a la conclusión de que los datos disponibles no mostraban grandes evidencias de ningún patrón general. Lo que es más, las conclusiones sobre los costos relativos de las cárceles públicas en comparación con las privatizadas están basadas en una muestra pequeña y anticuada. 19

* En 1998, la Legislatura del estado de Tennessee comparó el costo de encargarle el manejo de uno de sus establecimientos a una compañía, con el costo de manejar dos cárceles estatales comparables.

El estudio mostró poca diferencia en los costos totales entre las tres cárceles. Sin embargo mostró que CCA generó un 2 por ciento de ganancia pagándoles a sus empleados casi $2 millones menos en concepto de salarios anuales y beneficios, en comparación con lo que recibían los empleados estatales. 20

* La Oficina de Responsabilidad Gubernamental y de Análisis de Políticas de Programas de la Oficina Estatal del estado de Florida (OPPAGA) (Florida State Office of Program Policy Analysis and Government Accountability) realizó un estudio comparativo de los costos de los Establecimientos Penitenciarios de Bay de CCA y de la Cárcel Estatal de Lawtey, correspondiente al año fiscal 1996-97.

Dicha comparación mostró que el costo diario de Bay era de $46.08 mientras que el de Lawtey, era de $45.98. Las instalaciones manejadas por CCA le costaban 10 centavos más por día/por preso al estado de Florida. 21

* La Oficina General de Contaduría de los Estados Unidos (GAO), la agencia “guardiana” congresional, pasó un año entero examinando costos de operaciones en las cárceles manejadas por el gobierno y en las privatizadas.

El informe de GAO del año 1996 detectó “poca diferencia” y “resultados mixtos” y, finalmente, no pudo llegar a la conclusión de si la privatización significaba un ahorro. 22

A pesar de la evidencia, los proponentes de la privatización de cárceles siguen diciendo que son más económicas que las manejadas por el gobierno. Estas afirmaciones tienden a estar viciadas por varias razones.

- La primera y principal es que tienden a comparar “peras con naranjas.”

Uno de los más grandes desafíos en la comparación de costos entre las cárceles del gobierno y las privatizadas es encontrar establecimientos que sean equivalentes, donde la diferencia clave sea el hecho de si son manejadas por el gobierno o por compañías con fines de lucro. En la mayoría de los estudios, las características claves no son comparables.

En Nuevo México, por ejemplo, la única cárcel de mujeres del estado está bajo la administración de una compañía con fines de lucro. Es imposible encontrar una cárcel comparable manejada por el gobierno en dicho estado, ya que las cárceles de las mujeres se manejan en forma muy diferente de las instalaciones para hombres, y generalmente cuestan más.23

- Además, en general, los costos gubernamentales se basan en promedios que incluyen presos que requieren mediana y máxima seguridad, mientras que solamente el 2 por ciento de la población penitenciaria en las cárceles con fines de lucro lo constituyen presos que requieren máxima seguridad. 24

- Otra falla es que los costos con frecuencia se proyectan sobre un período de corto plazo, como por ejemplo un sólo año fiscal. Los costos operativos de largo plazo de una cárcel con fines de lucro pueden diferir de los de corto plazo, y los costos reales tal vez no surjan sino hasta después de varios años, a medida que cada establecimiento pasa por una serie de experiencias diferentes.

- Las compañías con fines de lucro pueden presentar un estimado de bajos costos para ganarse el contrato, y luego pedir inesperados aumentos en los pagos cuando asumen la responsabilidad de manejar el establecimiento.

Un ejemplo claro de ésto ocurrió en el condado de Monroe, en Florida. Poco después de asumir control de las operaciones de la cárcel del condado en febrero de 1990, Wackenhut y el condado de Monroe tuvieron un desacuerdo sobre los niveles de personal penitenciario.

Wackenhut accedió a aumentar el personal pero pidió al comisionado del condado que le diera $750.000 dólares adicionales para pagar los sueldos correspondientes. Una vez que el pedido fué negado, la oficina del alguacil tuvo que retomar control de la cárcel. 25

Una situación similar ocurrió en 1999 cuando Wackenhut, que manejaba dos establecimientos penitenciarios plagados de violencia en Nuevo México, solicitó del Comité Legislativo Financiero que le aumentara los viáticos para poder mejorar las instalaciones.26 En cada caso, Wackenhut no pudo suministrar el nivel de servicios que había prometido ni generar una ganancia al precio original del contrato.

- Otra falla que se da en la mayoría de las comparaciones de costos es la omisión de los costos “ocultos” inherentes a las cárceles con fines de lucro. Un costo oculto grande es el de aplacar revueltas y capturar a fugitivos.

En julio de 1999 CCA adoptó una nueva política corporativa de reembolsar “gastos razonables” incurridos por las agencias de la ley en la búsqueda de fugitivos escapados de CCA.27 (El significado del término “razonable,” por supuesto, es sujeto a interpretación.) CCA adoptó esa política una vez que las autoridades locales de Tennessee incurrieron gastos por valor de unos $80.000 dólares por siete días en la búsqueda de dos presos originarios de Montana, escapados del Centro de Detenciones de Tennessee del Oeste, manejado por CCA.

CCA también tuvo cinco fugas de su Centro Penitenciario del Sud/Centro de Tennessee durante el año 1999, mientras que en establecimientos comparables manejados por el estado no hubo ninguna. 28

Las cárceles manejadas con fines de lucro han existido en Texas desde la mitad de la década de los 80, pero se llevó más de una década para aprobar una ley exigiendo que los contribuyentes recibieran un reembolso por las equivocaciones de los empresarios.

Texas, el estado que tiene el mayor número de cárceles con fines de lucro, ha adoptado recientemente una política de requerir a los que manejan esos establecimientos que reembolsen al estado por su ayuda en contener las revueltas y en capturar a los fugitivos.

Otros estados que han experimentado fugas de penados en cárceles con fines de lucro también han empezado a exigir reembolsos por estos costos ocultos.

Por ejemplo, el estado de Ohio ahora exige que las firmas con fines de lucro reembolsen al estado por cualquier ayuda que éste suministre en la captura de fugitivos.

El alto número de fugas de las cárceles con fines de lucro ha hecho que estos reembolsos se conviertan en una necesidad.

- Otros costos que necesitan tenerse en cuenta cuando se comparan las cárceles con fines de lucro con las que maneja el gobierno, son los costos relacionados con el procedimiento de adquisiciones y costos indirectos.

Estos costos pueden incluir procedimientos legales y costos administrativos, incluyendo monitoreo de contratos, y otros costos generales o indirectos que no se eliminan con la privatización. Dichos gastos pueden ser significativos. Un estimado bien conceptuado calcula que pueden ser de entre el 10 y el 20 por ciento de los costos de los contratos.29

- La privatización puede llevar de esa manera a la inserción de una capa adicional de burocracia, además de la ya existente.

En Florida, por ejemplo, la Comisión de Privatización de Cárceles fué creada específicamente para supervisar la privatización de establecimientos penitenciarios en el estado.

A medida que otros estados comienzan a reglamentar las cárceles con fines de lucro, el costo de las contrataciones externas va a continuar subiendo.

Límites sobre los costos de las compañías

- Los contribuyentes incurren otros gastos ocultos por medio de los incentivos contractuales que se les da a las firmas. Estos incentivos incluyen garantías de un número mínimo de presos y límites sobre los costos de atención médica.

El contrato típico entre una compañía con fines de lucro y un gobierno le garantiza a la compañía un número mínimo de presos. Estas garantías pueden tener implicaciones costosas.

Por ejemplo, el contrato de Wackenhut con Nuevo México requería que el estado pagara el 90 por ciento de la capacidad de alojamiento, sin tener en cuenta las cifras reales del establecimiento. Después de una racha de violencia en los establecimientos de Wackenhut, Nuevo México transfirió más de 100 presos a una prisión de máxima seguridad en Virginia.

Wackenhut sostenía que el estado todavía tenía que pagarle $45 dólares por preso por las camas vacías. Por lo tanto, Nuevo México se vería forzado a pagar a dos partes diferentes, es decir, a Wackenhut y a Virginia, por el alojamiento de cada preso.

Además, Nuevo México también tenía que pagar para transportar a los presos hasta Virginia, y a su vez Virginia le cobraba una alta tarifa — $64 dólares por preso/por día — porque se requería alojamiento de emergencia. Nuevo México podía acabar pagando más del doble del costo original de alojamiento de presos. 30

De acuerdo con la Asociación Americana de Cárceles (American Correctional Association), los costos de atención médica de los presos aumentaron en un 10.24 por ciento en 1998, y en un 9.87 por ciento en 1997.31

En varios estados, tales como Tennessee, Florida y Nevada, existen topes con respecto a los costos de atención médica para las cárceles con fines de lucro. En Florida, por ejemplo, las firmas pagan gastos médicos hasta $7.500 dólares; el estado paga los gastos que exceden esa suma.

Estos topes trasladan al estado los costos de encarcelamiento incurridos por las firmas. Se espera que en el futuro los costos de atención médica van a aumentar debido a las sentencias más largas, a la difusión de enfermedades contagiosas y al aumento de presos con problemas psiquiátricos.

Los topes de costos de atención médica significan que los contribuyentes van a cargar cada vez más con los gastos.

El Costo de Exportación de Presos

- La exportación de presos a los establecimientos penitenciarios ubicados en otros estados tiene implicaciones negativas de costo para las comunidades que hacen la exportación.

Los costos más obvios son los trabajos que se pierden y los impuestos sobre la renta. También hay otros costos de oportunidades, tales como pérdidas relacionadas con donaciones y subsidios federales.

Por ejemplo, el Censo de los Estados Unidos cuenta los presos como residentes de la jurisdicción donde está ubicada la prisión. Cuando un estado exporta presos a cárceles en otros estados, puede perder financiación con respecto a programas estatales y federales que basan su contribución en relación con la población. 32

- Otros costos de largo plazo son difíciles de determinar.

Por ejemplo, puede haber costos relacionados con un aumento en la reincidencia, en cuanto a que el envío de los presos a lugares alejados de su familia y de redes de apoyo pueden impedir su rehabilitación. Los altos costos de transporte también pueden hacer prohibitivo el contacto entre los presos y sus familias.

Y el costo de transportar a los presos a jurisdicciones lejanas, que recae sobre los contribuyentes, también se debe considerar como factor en la ecuación.

Consecuencias Impositivas

Uno de los beneficios que se atribuyen las cárceles con fines de lucro es su contribución a la base de impuestos sobre la propiedad inmueble. Sin embargo hay evidencias de que esas firmas han tratado de evitar pagar impuestos.

Por ejemplo, CCA se retiró de su contrato para manejar el Centro de Actividades Previas a la Puesta en Libertad (Pre-Release Center) del estado de Cleveland porque no quería pagar su parte de los impuestos locales.

Tanto la ciudad como el condado le habían concedido a CCA más de un 50 por ciento de reducción de impuestos desde 1995 hasta 1998, pero no era suficiente para la corporación.33

En 1997, CCA pagó bajo protesta sus impuestos sobre la propiedad por el Centro de Detenciones de Leavenworth (Kansas), sosteniendo que el 90 por ciento de la prisión debería ser clasificado como zona de residencias.34

En 1994, los funcionarios de Wackenhut prometieron a los funcionarios del condado de Glades que iban a pagar alrededor de $400.000 dólares por año en concepto de impuestos a la propiedad, pero más tarde vendieron el terreno a una entidad sin fines de lucro creada específicamente [para ese propósito].

El año siguiente, la Comisión de Privatización de Cárceles del estado de Florida les concedió una exención de pago de impuestos a la propiedad por la prisión de 750 camas.35

Glades no es el único condado en Florida que no ha recibido pago de impuestos sobre la propiedad de la industria penitenciaria. Los condados de Bay, Columbia, Polk y Palm Beach, donde están localizadas otras cárceles y establecimientos penitenciarios para jóvenes, manejados por Wackenhut, CCA y Correctional Services Corporation, tampoco recibían de estas empresas ingresos por concepto de impuestos.36

Y Florida no es el único estado donde los contribuyentes subvencionan las ganancias de las cárceles comerciales. Por ejemplo, en 1998 Arizona aprobó una ley que prohibe retroactivamente la imposición de impuestos sobre ingresos derivados del encarcelamiento o detención de presos en una prisión manejada con fines de lucro. 37

Otro intento de evitar el pago de impuestos ocurrió cuando CCE se fusionó con su REIT para aprovechar un resquicio en el sistema federal impositivo que permite que los REITs eviten pagar impuestos a nivel de la compañía. Si bien este refugio impositivo se estableció para compañías legítimas de propiedades inmuebles, CCA esperaba usarlo para evitar pagar impuestos de ingreso corporativo sobre las ganancias derivadas del manejo de cárceles con fines de lucro.

De acuerdo con Legg Mason Wood Walker, que funciona principalmente como intermediario en la compraventa de valores y servicios bancarios para inversiones tanto de particulares como de instituciones, corporaciones y municipalidades, los REITs también evitan pagar impuestos a nivel estatal.38

Los planes de CCA eran de ganar dinero manejando cárceles y luego canalizar las ganancias a los REITs y de esa manera proteger sus ingresos de los impuestos a la renta.

Como se dijo anteriormente, la compañía CCA/Prison Realty estaba tratando de revertir hacia la estructura que tenía antes de convertirse en REIT porque su estrategia para evitar los impuestos estaba afectando negativamente la capacidad de crecimiento de la compañía.

- Las compañías de cárceles con fines de lucro también han evitado pagar impuestos convirtiéndose en socios de autoridades locales de desarrollo económico. Esta relación le ha permitido a la industria de las cárceles acumular subsidios en forma soslayada para su financiamiento, por medio de la emisión de bonos libres de impuestos.

Este tipo de financiamiento puede costarle a los contribuyentes cantidades mayores que el financiamiento público porque una autoridad encargada del desarrollo tal vez emitiría valores con una tasa mayor de intereses que los bonos de obligación general.

- También puede reubicar el riesgo del proyecto trasladándolo desde la compañía con fines de lucro hacia los contribuyentes, cargándole a la entidad gubernamental toda la responsabilidad por el fracaso operativo del que maneja la prisión.

Esto ocurrió, por ejemplo, en 1988 cuando Detention Services, Inc., convenció a los funcionarios del condado de Zavala, en Texas, de que financiaran una prisión con fines de lucro por medio de bonos del condado, pagaderos con las ganancias de la prisión.

El empresario luego firmó un contrato con el Distrito de Columbia para alojar a los presos. Sin embargo, en diciembre de 1990, el Distrito canceló el contrato debido a que había habido fugas de presos, peleas con bates de béisbol entre los presos, y un caso en que un guardia llevó en auto a dos presos a un prostíbulo en México.

Con la prisión vacía y sin ingresos, el condado se vió forzado a hacer los pagos de los bonos con dinero de su fondo de operaciones, con lo que se vió en situación de déficit y de incumplimiento de las obligaciones de los bonos.39 Los contribuyentes tuvieron que pagar las consecuencias de las equivocaciones de los empresarios.

El costo de las obligaciones

- Un estado puede contratar a alguien para que preste servicios, pero no puede contratar a alguien para que asuma sus responsabilidades.

Esto se destacó en 1999 cuando un juez del estado de Montana desechó los argumentos del Departamento de Cárceles del estado que aducía no ser responsable por los presos recluídos bajo contrato en una prisión.40

- Al ofrecer sus servicios en el mercado, una firma con fines de lucro puede decirle al gobierno que éste va a estar completamente cubierto por indemnizaciones contra toda responsabilidad, pero eso puede ser difícil de hacerse cumplir.

Por ejemplo, cuando el Distrito de Columbia firmó un contrato por valor de $182 millones de dólares con CCA para alojar a presos en Youngstown, en el estado de Ohio, se le dijo que estaría completamente cubierto por indemnizaciones.

Sin embargo el Distrito tuvo que hacerle un juicio a CCA para obligarlos a cumplir con el contrato. En el juicio, el Distrito de Columbia sostuvo que CCA había rehusado pagar indemnizaciones a los funcionarios del Distrito y que no había obtenido la póliza de seguro necesaria en la que figurara el Distrito como entidad asegurada. 41

- Hay cada vez más evidencias que las compañías con fines de lucro tal vez no puedan obtener seguros contra terceros.

Por ejemplo, en su declaración ante la Comisión Nacional del Mercado de Valores (SEC) del 18 de noviembre de 1999, la compañía Cornell Corrections dijo que “no podemos obtener seguros para cubrir algunos riesgos singulares de la empresa, incluyendo desórdenes y conmociones civiles o las acciones de un preso que se escapa.”42

En 1990, el contrato de CCA con el condado de Hamilton, en el estado de Tennessee, decía que la compañía tenía que tener $25 millones de dólares de seguro para proteger al condado contra toda responsabilidad. El condado, después de haber firmado el contrato, se enteró que la compañía no tenía esa cantidad. Luego CCA declaró que no solamente no tenía los $25 millones, sino que tampoco podía conseguirlos. 43

- Los empleados de las cárceles con fines de lucro también pueden ser demandados. Los empleados estatales y locales de las cárceles generalmente están protegidos contra demandas sobre el desempeño de sus tareas mientras su conducta no viole “derechos claramente establecidos que una persona razonable debería conocer.”

En junio de 1997, la Corte Suprema de los Estados Unidos afirmó que los empleados de compañías privadas no están protegidos por la misma inmunidad.

Según están las cosas ahora, la privatización, que sus proponentes sostienen que va a reducir los costos de suministrar servicios, puede en realidad aumentar los gastos en la medida en que las indemnizaciones o acuerdos mutuos de inmunidad entre las jurisdicciones y los proveedores con fines de lucro tal vez no se puedan aplicar, y la responsabilidad última de suministrar servicios públicos sigue recayendo sobre la jurisdicción.

Notas.

17. Travis C. Pratt and Jeff Maahs, “Are Private Prisons More Cost-Effective than Public Prisons? A Meta-Analysis of Evaluation Research Studies,” (“¿Las Cárceles de Propiedad Privada son Más Económicas que las Públicas? Un Meta-Análisis de Estudios de Investigación Evaluativa”) Crime & Delinquency, September 1, 1999, pgs. 358-371.

18. Dennis Cunningham, “Projected FY 2000 Cost of DOC Operated Medium Security Beds Compared to Private Prison Contracts,” (“Costo Proyectado de Camas de Mediana Seguridad Manejadas por El Departamento de Cárceles – DOC – para el Año Fiscal 2000, comparados con los Contratos de las Cárceles de Propiedad Privada “) presented at 4th Annual Privatizing Correctional Facilities, sponsored by World Research Group, Las Vegas, Nevada, September 24, 1999.

19. Abt Associates Inc. “Private Prisons in the United States: An assessment of Current Practice,” (“Cárceles de Propiedad Privada en los Estados Unidos: Una evaluación de Prácticas Actuales”) July 16, 1998, pg. 46.

20. Sheila Wissner, “Study Casts Doubt on CCA Savings,” (“Estudio Pone en Duda los Ahorros de CCA”) The Tennessean, March 2, 1998, pg A1.

21. Florida Office of Program Policy Analysis and Govenment Accountability, “Review of Bay Correctional Facility and Moore Haven Correctional Facility,” (“Reseña de las Instalaciones de Bay Correctional y de Moore Haven”) April 1998.

22. U.S. General Accounting Office, “Private and Public Prison: Studies Comparing Operational Costs and/or Quality of Service,” (“Cárceles de Propiedad Privada y Públicas: Estudios que Comparan sus Costos Operativos y/o la Calidad de Servicio”) GAO/GGD-96-158, August 1996, pgs. 3, 7, 9, 23.

23. Abt Associates Inc. “Private Prisons in the United States: An Assessment of Current Practice,” (“Cárceles de Propiedad Privada en los Estados Unidos: Una evaluación de Prácticas Actuales”) July 16, 1998, pg. 34.

24. Ibid., pg. 25.

25. Charles Mathesian, “Dungeons for Dollars,” (“Mazmorras a cambio de Dólares”) Florida Trend, October 1, 1996, pg. 80.

26. Lou Fecteau, “Upgrades at 2 Prisons Proposed,” (“Se Proponen Mejoras en Dos Cárceles”) Albuquerque Journal, October 22, 1999, pg.A1.

27. Richard Locker, “Prison Officials Defend Procedures at Mason,” (“Funcionarios de Cárcel Defienden Procedimientos Utilizados en Mason”) The Commercial Appeal, July 9, 1999, pg. A1.

28. Paul Wade, “CCA OK’d to Run Prison 2 More Years,” (“CCA Recibe Aprobación para Manejar Prisión por Dos Años Más”) The Commercial Appeal, December 10, 1999,pg. B1.

29. Lawrence L. Martin, “A Proposed Methodology for Comparing the Costs of Government Versus Contract Service Delivery,”(“Una Propuesta de Metodología para Comparar los Costos del Gobierno con los Servicios por Contrato”) The Municipal Year Book, International City/County Management Association, 1992.

30. Mark Oswald, “Wackenhut Billing N.M. For Empty Beds,” (Wackenhut le Pasa la Cuenta a New Mexico por Camas Vacías”) The New Mexican, September 9, 1999.

31. American Correctional Association, Corrections Compendium, October 1999, pg.8.

32. Tracey L. Huling, “Prisons As a Growth Industry in Rural America: An Exploratory Discussion of the Effects on Young African-America Men in the Inner-Cities,” (“Las Cárceles como Industria de Crecimiento en Zonas Rurales: Debate Exploratorio sobre los Efectos que tienen en jóvenes Afroamericanos en Zonas Urbanas Pobres”) prepared for U.S. Commission on Civil Rights, Washington, D.C., April 15-16,1999, pg.14.

33. Cindy Horswell, “Private Prison Firms Pulling Out After Dispute With School District,” (“Cárceles de Propiedad Privada Se Retiran Luego de un Desacuerdo con el Distrito Escolar”) Houston Chronicle, September 3, 1998, pg.32.

34. Mark Wiebe, “Detention Center Meets Opposition in Push to Change Classification,” (“Centro de Detenciones Se Enfrenta Con Oposición al Querer Hacer Cambios de Clasificación”) The Kansas City Star, March 12, 1998, pg.1.

35. “Divided Wiggins Votes Today on Private-Prison Plan,” (“Wiggins Dividido, Vota Hoy Sobre Plan de Cárceles de Propiedad Privada”) Denver Post, July 8, 1997, pg.B04.

36. Margaret Talev, “Officials Locked in Prison Tax Fight.” (“Funcionarios Enfrascados en Lucha Sobre Impuestos a Cárceles”) The Tampa Tribune, June 29, 1997, pg. 1.

37. National Conference of State Legislatures, State Crime Legislation: 1998, November 1998 , Vol.23, No. 19, pg.13.

38. John R. Honovich, “Correction Industry Financing Options,” (“La Industria Penitenciaria Financia Opciones”) presentation at 4th Annual Privatizing Correctional Facilities, sponsored by World Research Group, Las Vegas, Nevada, September 23, 1999.

39. Todd Mason, “It’s a Bust: Many For-Profit Jails Hold No Profits — Not Even Any Inmates; Still Promoters Keep Pushing Privately-Run Prisons to Job-Hungry Towns; Texas Rent-A-Cell-Breakout,” (“Se Descubrió: Muchas Cárceles con Fines de Lucro no dan Ganancias — Y ni siquiera tienen presos; Sin embargo los Promotores Siguen Promoviendo las Cárceles de Propiedad Privada Ante las Ciudades Hambrientas de Empleos; Fuga en las Celdas Alquiladas en Texas”) The Wall Street Journal, June 18, 1991.

40. “State Liable in Suits by Cons in Private Prisons,” (“Estados Responsables en Juicios Iniciados por Penados en Cárceles de Propiedad Privada”) Associated Press, October 13, 1999.

41. Cheryl W. Thompson, “D.C. Sues Private Prison Firm in Contract Dispute; CCA Failed to Protect and Defend the City in Two Lawsuits, Complaint Contends,” (“Distrito de Columbia Inicia Juicio contra Prisión Privada en Disputa Contractual; CCA no Protegió ni Defendió la Ciudad en Dos Juicios, Dice una Denuncia”) The Washington Post, December 19, 1998, pg. B07.

42. Cornell Corrections, Inc., Form S-3, Securities and Exchange Commission, Washington, D.C., November 18, 1999.

43. “Tennessee County Finds Pitfalls in Private Prisons,” (“El Condado de Tennessee Encuentra Peligros en Cárceles de Propiedad Privada”)The Phoenix Gazette, April 7, 1990, pg. A15.

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Libertad Digital: apologia de les presons privades

Publicat per neanias a 27 Juliol 2009

GRACIAS A LAS CÁRCELES PRIVADAS
Mantener un preso en España es un 46% más caro que en EEUU

Mantener a un recluso en España supone un gasto medio de 54,79 euros al día. La empresa norteamericana Corrections Corporation of America se encarga de la gestión privada de más de 64 centros penitenciarios en EEUU. Su gestión reduce el coste diario medio por recluso a 40,90 dólares (29,42 euros).

La población penitenciaria se ha incrementado en casi un 16% desde 2006, pasando de 63.248 reclusos en ese año a 74.937 a fecha de hoy. Las estimaciones indican que seguirá aumentando el número de encarcelados, lo que supone un considerable incremento en el presupuesto dedicado a cubrir sus necesidades.

Mantener a un recluso en España supone un gasto medio de 54,79 euros al día, según datos oficiales. La cifra varía dependiendo de la Comunidad Autónoma. Por ejemplo, en Cataluña, cada preso costó 66,08 euros al día en 2008, tal como reflejan las estadísticas facilitadas por la Consejera de Justicia de la Generalitat, Montserrat Tura.

La empresa norteamericana CCA (Corrections Corporation of America) se encarga de la gestión privada de más de 64 centros penitenciarios y de detención de EEUU. En sus resultados correspondientes al primer trimestre de 2009, CCA ha tenido un coste diario por recluso de 40,90 dólares (29,42 euros), cifra que demuestra la eficiencia de su gestión frente a los más de 65 dólares diarios de media por cada interno en las cárceles públicas estadounidenses.

Estos datos reflejan que la gestión privada ahorra cerca del 40% a las arcas estatales americanas. Si lo comparamos con el coste de mantenimiento de un preso en las cárceles españolas, la cifra se dispara hasta el 46% (55% en el caso de Cataluña).

En Norteamérica, los gestores privados han demostrado que una cárcel puede dar beneficios. Durante el primer trimestre de 2009, CCA ha obtenido 58,45 dólares de beneficio por interno y día.

Y existen más ventajas, pues varios estudios académicos demuestran que en los Estados americanos en los que las instituciones públicas compiten con las privadas, la eficiencia de la gestión estatal en materia penitenciaria ha aumentado y el coste medio por interno disminuye paulatinamente.

En EEUU los gestores privados comenzaron manejando únicamente centros de detención para inmigrantes. Pero su buen hacer ha llevado a que, con el tiempo, estas empresas manejen cárceles de máxima seguridad. Aunque estos ejemplos demuestran el enorme ahorro de costes a cargo del dinero público que supone la gestión privada, el debate para importar un modelo similar a España no está en la agenda política.

© Libertad Digital SA Juan Esplandiu 13 – 28007 Madrid

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Maquiavelo y la filosofía materialista

Publicat per neanias a 8 Juliol 2009

Luis Felip López-Espinosa [*]

Maquiavelo y la filosofía materialista; tal vez fuese mejor decir Maquiavelo en y para la filosofía materialista. Puesto que el tema que discutiremos no será tanto el del Maquiavelo histórico como el de su figura en tanto que referencia obligada para un pensamiento que se pretenda materialista en filosofía e innovador en política. Y es que este tratamiento del pasado, en la historia y en los textos, constituye una de las más preciosas enseñanzas del florentino.[1]

Hablamos de Maquiavelo como una referencia teórica. Y pienso en dos sujetos sometidos en la derrota, que en sus respectivas posiciones (distintas, aunque análogas) se encontraron de algún modo con Maquiavelo; pienso en Althusser, pienso en Gramsci. Cárcel por fuera, cárcel por dentro. Cárcel por fuera: Gramsci, cofundador del Partido Comunista de Italia en 1921, encarcelado en 1926 por el gobierno fascista, llenando a pesar de la censura y la enfermedad aquellas legendarias páginas de sus cuadernos que tantas aventuras editoriales correrían más tarde (por cuanto que si no hubo bastante con la prisión, aún tenían que pasar por la criba de la ortodoxia estalinista). Cárcel por dentro: el último Althusser, preso de su propio drama, contemporáneo del de todo el movimiento comunista y de la crisis y la esclerosis del PCF.[2] ¿Por qué, precisamente en esas circunstancias particulares que eran las de una cierta derrota histórica (pese a la cual aún se confiaba, tal vez más que nunca, en las posibilidades de tornarla en una nueva oportunidad de cambio), pensadores de esta talla resolvieron emprender sus respectivas lecturas de Maquiavelo?
1. Posiciones: Maquiavelo y la «antifilosofía»

Maquiavelo comienza El príncipe con una famosa dedicatoria a Lorenzo de Médicis. En esta dedicatoria, Maquiavelo parece justificarse por aconsejar a los príncipes, él que es al cabo un personaje de muy ínfima condición. Pero no ha pasado desapercibida esta justificación, cuyos términos aún resultan desconcertantes: «…para conocer bien la naturaleza de los pueblos es necesario ser príncipe, y para conocer bien la de los príncipes es necesario formar parte del pueblo.»[3] El primer fragmento de esta célebre sentencia no nos parecería incumbir demasiado, puesto que aparentemente, El príncipe no hablaría del pueblo. Podríamos considerar ese pasaje tanto una vulgar adulación de la clarividencia del gobernante, como un simple impulso retórico de Maquiavelo para redondear una bella frase. Detengámonos en la segunda parte: para conocer bien la naturaleza de los príncipes, es necesario formar parte del pueblo. Hay que ser pueblo, hay que sufrir desde abajo el gobierno de los príncipes, para poder discernir la naturaleza del buen gobernante.

Maquiavelo deja aquí constancia de un detalle importante: él no es un príncipe, no es un gobernante, y no habla como un filósofo-gobernante. Él es pueblo, y habla desde el pueblo (y en la lengua del pueblo: Maquiavelo ha abandonado el latín). De hecho, es muy explícito al respecto.[4] Esta es la posición de partida del discurso de Maquiavelo, su toma de posición inicial, desde la cual nos habla.

* * *

Pues bien, precisamente en su toma de posición se fundamenta el carácter filosófico (o en cualquier caso análogo al de la filosofía) del discurso de Maquiavelo. En primer lugar, Maquiavelo declara desde dónde habla. Pero por otro lado, también es cierto que habla como un marginado (recuérdese que todas sus grandes obras fueron producto de las «vacaciones» que le hicieron tomar respecto de sus cargos públicos, una vez que los Medici regresaron al poder en Florencia; y téngase esto en cuenta para recordar la dedicatoria «al Magnífico Lorenzo de Medici», en un gesto público que podríamos identificar con la mendicidad en general y con la adulación en particular, más aún si tenemos en cuenta que este Lorenzo no es aquél Lorenzo el Magnífico, sino su nieto Lorenzo II).

Como en el caso de Maquiavelo, sucede que ningún filósofo resulta ser con propiedad un hombre de su tiempo: más bien se tratará de un desviado, de un monstruo, de una anomalía social. Ni más ni menos, ni mejor ni peor ante los discursos hegemónicos, simplemente su falla. De este carácter no intemporal, sino «desacompasado con su tiempo» de la filosofía, es de donde parte su potencial revolucionario. Toda filosofía piensa desde lo concreto, hacia lo universal; desde el reino de la necesidad, hacia el reino de la libertad.

Por eso Maquiavelo habla como un filósofo (sin decir que lo sea), o mejor aún como lo que Badiou llamaría un antifilósofo. El antifilósofo se define precisamente como aquél que asume su posición enunciativa como parte necesaria e imprescindible para la propia enunciación. El antifilósofo es, por consiguiente, aquél que asume conscientemente el proyecto (político) de pensar lo universal, desde su propia posición particular –sin jamás renunciar a ésta, sin pretender escapar de ella. A diferencia de los filósofos utópicos, que diseñan el mejor de los mundos posibles (por tanto inalcanzable), el antifilósofo dispone el camino, real o figurado, por el cual la historia ha de partirse en dos, desde el aquí y ahora donde pensamos la ruptura.[5] Por eso mismo hay una diferencia de número entre los filósofos, y el antifilósofo. Un antifilósofo siempre está solo, por cuanto nadie puede compartir con él las condiciones biográficas e históricas a partir de las cuales, con mayor o menor secretismo, hace abrevar sus conceptos más teóricos. Que el antifilósofo esté solo, no tiene que ver naturalmente con su condición de átomo social dado que se trata de una figura que puede ser realizada en común y colectivamente; sin embargo, un colectivo que asuma una tarea antifilosófica deberá asumir ese modo de soledad, de marginalidad que lo separa de las tendencias hegemónicas en su medio social. La «soledad de Maquiavelo», por utilizar la expresión de Althusser, es la misma soledad de la antifilosofía.

2. El príncipe como manifiesto

Ahora me detengo, y regreso atrás: «…para conocer bien la naturaleza de los pueblos es necesario ser príncipe, y para conocer bien la de los príncipes es necesario formar parte del pueblo.»[6] Aquí fundamentalmente, es donde Maquiavelo engaña, encubre, habla a medias (aunque por eso mismo tal vez se atreva a decir la verdad). ¿Realmente él, que forma parte del pueblo, rehusará hablar de éste? Ni mucho menos. Incluso diríamos que no habla de otra cosa que no sea del pueblo. Vamos a verlo.

Gramsci decía que El príncipe es un «manifiesto político»:[7] constituiría por tanto la presentación, expresamente en la «Exhortación a ponerse al frente de Italia y liberarla de los bárbaros» con la que concluye el texto, de una tarea histórica y del sujeto que ha de emprenderla. Y si eso no es un proyecto político concreto, si la unificación y autodeterminación de una nación italiana no supone una tarea histórica (tarea que no se verá realizada hasta el Risorgimento)… entonces nada puede serlo. Nada más lejano queda de Maquiavelo, que todos aquellos «espejos de príncipes» en los que cortesanos varios echaban en saco roto sus peroratas, tan similares a las que hoy se oyen desde algunos medios morales, acerca de la debida educación de aquellos que deciden sobre las «cuestiones públicas» (y que como buenos dueños del cortijo, suelen ser inmunes a este tipo de sugerencias).

Una tarea histórica, decíamos, y un sujeto que habría de llevarla a cabo. Sin embargo, para Gramsci ese sujeto habría de ser el pueblo, frente a un príncipe nuevo que «no existía en la realidad histórica (…) sino que era una pura abstracción doctrinaria»,[8] una imagen en la que precisamente se contemplaría el pueblo. Dirigiendo la vista hacia ese príncipe imposible, el pueblo se vería a sí mismo. El príncipe sería un libro para el pueblo, para que el pueblo supiese elegir sus destinos en torno a una figura política «utópica» que, más que un sujeto realmente-existente, habría de constituir un catalizador ideológico; haciendo a su príncipe, el pueblo puesto imaginariamente bajo su mando se hace uno, sentándose con ello las bases para un Estado nacional moderno.

Si es así, si El príncipe es un manifiesto, ello significa de nuevo que habla desde una determinada posición partidista: la posición del pueblo. Y por eso para la tarea que se impone no basta con dirigirse al pueblo, con interpelarlo[9] como algo ajeno: Maquiavelo es pueblo.
3. Maquiavelo y el problema del pueblo

Ahora bien, la cuestión central de la obra del florentino está mucho más allá de la que se plantea en la eterna polémica entre el Maquiavelo monárquico (¿«malo»?) y el Maquiavelo republicano (¿«bueno»?).[10] Lo interesante no es esta disyuntiva: más lo es que se haya podido dar lugar a la polémica. Lo verdaderamente fascinante es que Maquiavelo hace posible esta doble lectura (mirar desde el punto de vista del príncipe, o mirar desde el punto de vista del pueblo), por causa de una contradicción que es interna al propio texto. Dice Althusser al respecto:

«Estos diferentes efectos no son el puro producto de interpretaciones elaboradas desde un punto de vista exterior al texto, sino la reflexión, en interpretaciones exteriores, del doble punto de vista interior al texto, que funciona no como la exposición de una solución, sino como el planteamiento de un problema político…»[11]

Por eso Maquiavelo es un moderno: porque empieza a sufrir, en su intento de análisis de la realidad concreta («la verdad real de la cosa»),[12] la acción de lo que nosotros podríamos llamar propiamente los antagonismos de clase. Por eso mismo es que Maquiavelo no es ya medieval, ni tampoco es un «renacentista» –la armonía clásica, más o menos creíble, ha desaparecido por completo.

Por otro lado, resulta sugerente que esta contradicción interna sea la que los intérpretes idealistas, tomen el partido que sea (resuelvan que el verdadero Maquiavelo es el «malo», o bien el «bueno»), no sufren –más aún, es la contradicción que estos intérpretes se cuidan mucho de conciliar.

¿Es preciso recordar que un monarca no constituye una clase, y que obviamente las «luchas de clases» que Maquiavelo contempla y tiene muy en cuenta son las del feudalismo tardío, las luchas entre los «grandes» y el «pueblo»?[13] Aquí encontramos el límite de Maquiavelo, que le impide acceder a la modernidad capitalista: y es que la división que percibe entre «el pueblo» y «los grandes» constituye claramente una supervivencia del viejo feudalismo, de los conflictos de poder entre la aristocracia y la incipiente burguesía. Esta insuficiencia es la que sitúa a Maquiavelo en el punto intermedio entre el feudalismo y el capitalismo: el gobierno que proyecta es la monarquía absoluta, lo cual queda patente en su admiración por Fernando II de Aragón, y en sus constantes referencias a los grandes Estados absolutistas de su entorno.

Este pensamiento protodialéctico de lo que llamaríamos la «sociedad civil», es interesante para entender las diferencias entre Maquiavelo y el pensamiento político posterior. Y especialmente, para entender ese modelo teórico donde el pueblo no representa aún una fuerza política que se pretenda homogénea a la vez que independiente de sus antagonistas de clase. La paradoja no deja de ser divertida: donde Maquiavelo piensa, enseguida traza las contradicciones de clase; donde no traza contradicciones de clase, es precisamente donde le tomarán la palabra los negadores de la existencia de tales contradicciones. Sin embargo, estos últimos tendrán que eludir por esa razón toda la agudeza del pensamiento maquiaveliano.

En otras palabras. Maquiavelo trata al pueblo de facto como una unidad en contradicción con otras; de este modo, aunque descubrió las contradicciones «de clase», no pudo prever la forma que tomarán las luchas de clases en las formaciones sociales bajo el modo de producción capitalista: no descubrió (vamos por partes, no podía descubrirlas) las «contradicciones en el seno del pueblo» que se establecerían entre la nueva burguesía propietaria de los medios de producción, y las nuevas masas propietarias únicamente de su fuerza de trabajo. En este sentido, Maquiavelo antecede el pensamiento que del pueblo tendrá la burguesía hegemónica, negadora de las contradicciones de clase («en el seno del pueblo»), por supuesto para, como diría el adagio marxista, conciliarlas en torno a sus propios intereses de clase (en tanto que clase dominante). Puede leerse a Maquiavelo con la complacencia «republicana» del burgués aliviado porque al fin haya quedado desfasada toda esa cuestión de «grandes» y «pueblo». Sin embargo, el concepto del Estado que tiene Maquiavelo resulta inseparable de esas contradicciones: el Estado moderno es un aparato represivo cuyo origen y motor se encuentra en una forma de violencia de clase (en sus inicios absolutistas, entre «pueblo» y «grandes») que es preciso conciliar con vistas a los fines comunes de la nación, los cuales se encarnarían en la figura ideológica del príncipe.[14] Con esto y aún de un modo balbuciente, Maquiavelo anticipa toda la problemática marxista acerca del Estado.[15] Y será precisamente esta concepción del Estado lo que hará de Maquiavelo un pensador de la política tan agudo como peligroso.

Por tanto, en primerísimo lugar, Maquiavelo constata la existencia de «luchas de clases», a la vez que afirma (cosa inaudita) su necesidad para hacer una república fuerte y libre, tal como declara en los Discursos:

«Creo que los que condenan los tumultos entre los nobles y la plebe atacan lo que fue la causa principal de la libertad de Roma, se fijan más en los ruidos y gritos que nacían de esos tumultos que en los buenos efectos que produjeron (…), y todas las leyes que se hacen en pro de la libertad nacen de la desunión entre ambos…»[16]

Y sin embargo, los límites de Maquiavelo son los límites del Estado absolutista: pues en el momento en que el Estado tenga que dar el salto definitivo hacia el capitalismo, desaparecerán como por prodigio todas las luchas de clase, y por eso mismo Maquiavelo no tendrá cabida –la era burguesa es la era, precisamente, del humanismo populista, del «todos los hombres son iguales» por mucho que al tiempo se combatan los peligros del llamado igualitarismo, y por mucho que en ocasiones a algunos se les niegue la propia humanidad. Por eso, porque hay que combatir las contradicciones en el seno del pueblo, las clases dominantes necesitaron de otros medios más brumosos y místicos por los cuales legitimarse (lejanos a esa virtú, que tan peligrosas consecuencias podía traer). Es irónico que Maquiavelo, que quería ser moderno, se quedase de puertas afuera en la modernidad (a lo sumo se lo trata como a un «renacentista»), mientras el protorromántico Rousseau, el Rousseau de la «voluntad general», ha acabado como precursor de la ideología contractualista moderna, cívica y conciliadora, al servicio de la nueva clase dominante.

Y es que aquí Maquiavelo se resiste a pasar por el aro: dentro de su lenguaje, imperfecto (desatento al factor último que –una vez más se trata de límites– no podía haber tenido en cuenta, las «contradicciones en el seno del pueblo») asume a las claras que la historia de las sociedades hasta la fecha es la historia de las luchas de clases, a la vez que asume el imperativo de un «salto en el vacío»[17] hacia ese principado nuevo en el que se superen las viejas tipologías de los gobiernos (básicamente un gobierno mixto, pero que no ha de garantizar la paz sino el conflicto que le haga posible expandirse).

Maquiavelo es un pensador de los orígenes del absolutismo, a la vez que marca a éste como la condición necesaria para el capitalismo; por eso tiene una forma peculiar de contar con el «pueblo», que será precisamente la que convertirá a Maquiavelo en un obstáculo cuando la ideología burguesa (ya incipiente en el, y volvemos sobre el mismo tema, «humanismo renacentista» al que Maquiavelo se enfrenta)[18] ponga en circulación el ideal del Pueblo como conciliación y unificación de todas las diferencias y fundamentalmente de las diferencias de clase. El núcleo duro de Maquiavelo, lo que, por muy cierto que sea, la buena conciencia de la ideología burguesa no va a poder admitir, es que la «libertad» del Estado se funde en las contradicciones de clase (eternas, fundamentales, originarias), y que cosas como los tumultos sean el combustible de esa libertad. También era preciso prever qué perniciosas conclusiones sacaría el vulgo (siempre tan concupiscente, es cosa sabida) en caso de no quedar del todo satisfecho con las condiciones de esa libertad.

En cierto modo, la verdad de la «lucha de clases» de Maquiavelo se encuentra en las aludidas «contradicciones en el seno del pueblo» que tan célebres hicieron en su momento a los textos sociológicos de Mao Zedong. Éste redacta su conocido artículo al respecto durante la campaña llamada de las cien flores («que se abran cien flores y que compitan cien escuelas», rezaba el eslogan) iniciada en 1956. Durante esta campaña, Mao se encuentra con la misma tarea que Maquiavelo imagina, y que Gramsci planea: la verdadera edificación de un Estado, que no es ya el Estado-nación moderno sino el Estado socialista. La campaña de las cien flores tenía por intención afrontar los problemas sociales y culturales relacionados con la etapa de la «edificación del socialismo», proponiendo soluciones «suaves»: educación, crítica y autocrítica, lucha ideológica.[19]

El Mao estadista (por oposición al Mao guerrillero) se encuentra justamente con estas contradicciones, con esta lucha de clases en el pueblo, aun dentro de la clase-pueblo. «El concepto de “pueblo” tiene diferente contenido en diversos países y en distintos períodos de la historia de cada país.»[20] En un desplazamiento conceptual inaudito, Mao va enumerando poco a poco las distintas formas en que se estructuran y reestructuran los conceptos de «pueblo» y de «enemigos del pueblo» en la historia de la revolución china: durante la lucha contra el imperialismo japonés, el «pueblo» incluía a todas las clases y capas; durante la lucha contra el Kuomintang, el pueblo estaba compuesto por quienes se oponían a aquél y a las clases que aquél representaba; finalmente,

«En la etapa actual, período de edificación del socialismo, integran el pueblo todas las clases, capas y grupos sociales que aprueban y apoyan la causa de la construcción socialista y participan en ella…»[21]

Lo que puede parecer la demagogia usualmente adscrita al político (otra alma concupiscente), toca sin embargo el punto central en la constitución de un Estado: el Estado es edificado por un pueblo, el pueblo es la fuerza subjetiva que participa en esa edificación. Por otra parte, esto es lo que expone Badiou cuando piensa el sujeto en relación con una verdad, entendida como fidelidad a un acontecimiento («llamo sujeto a toda configuración local de un procedimiento genérico que sostiene una verdad»:[22] por eso mismo hay tantos sujetos –aun dentro de un mismo sujeto, «individual» o «colectivo»– como verdades).

Juzgaremos pues necesario y plausible que Mao piense esta flexibilidad en las líneas que separan el pueblo de lo que no es pueblo. Pero si estos sucesivos desplazamientos son ya sorprendentes, más aún lo será la noción implícita aquí: que el pueblo no es uno, nunca es uno, sino muchos y opuestos.[23] En el seno de pueblo, puede haber contradicciones no antagónicas (entre los trabajadores), o en determinado aspecto antagónicas y en otro no antagónicas (entre explotadores y explotados).[24] Pues bien, todo esto es lo que Mao constataba en su tesis (filosófica) sobre la eternidad de las luchas de clases y sobre la dialéctica entre lo viejo y lo nuevo: aunque hoy pensemos (no mucho, en verdad) en términos de luchas de clases, es absurdo que un concepto como el de comunismo entendido al modo de superación de las luchas de clases pueda concebirse en los utópicos términos de una paz ahistórica, puesto que en él tendrán lugar otras contradicciones –aunque desaparezca la actual contradicción entre trabajo y capital, ésta no es la única que hay ni que habrá. No se alcanza nunca la estaticidad, las propias contradicciones de clase forman parte de la realidad de las cosas, que Mao introdujese bajo el rótulo genérico y necesariamente difuso de la lucha entre «lo viejo» y «lo nuevo». Y esas mismas contradicciones, insistamos, en el seno del pueblo (es decir, «sobre la base de la identidad fundamental de los intereses de éste»)[25] tienen que ser, como en Maquiavelo, la condición de la libertad.[26] Para fundar cierto Estado capaz de oponerse a sus «enemigos», capaz de triunfar y de extenderse (Maquiavelo), es necesario que estas contradicciones existan –no entre Grandes y pueblo, sino, pues estamos en otra era, en el seno del pueblo.

* * *

Como es patente, la originalidad de Maquiavelo frente a los pensadores de la teoría política clásica reside justamente en que mientras estos se ocupan a posteriori de la legitimación jurídica del Estado moderno en el que viven (por eso todos los contractualismos se refieren siempre a un pasado ideal, que nunca ha tenido lugar en ningún tiempo concreto), Maquiavelo piensa las condiciones reales en que surge esa fuerza especial de coerción que llamamos Estado. ¿Por qué esta especificidad del discurso de Maquiavelo? Esta especificidad discursiva deriva, naturalmente, de su particular posición enunciativa. Y es que, a diferencia de todos los teóricos posteriores, él habla desde afuera del Estado: él, que quería efectivamente que surgiese un Estado nacional en Italia, traza un análisis que desesperadamente gira en torno de su objeto imposible e irrealizable: de su origen real y efectivo. Y es así que (desde sus propios límites) habla de todo aquello que para la teoría política será el tabú de su pasado reprimido, evocado no sin angustia. Por eso Maquiavelo no justifica, como intentarán los teóricos posteriores: él simplemente da cuenta de los hechos, buscando las condiciones óptimas por las cuales debía tener lugar esa ansiada (e imposible) unificación política italiana.

4. ¿Quién el es el príncipe?

Dado que el tema central del librito de Maquiavelo es el pueblo y la tarea de la unificación nacional bajo un Estado de corte absolutista, se comprende la necesidad de evocar, en la crisis, la figura revolucionaria y casi dictatorial del príncipe nuevo. Pero ¿no decíamos que el príncipe era una «abstracción doctrinaria», y que el motor de este proyecto político era el pueblo?

Con Gramsci dábamos por sentado que el príncipe debía ser un catalizador ideológico, un símbolo; pero Gramsci no se quedaba en esto, y ciertamente llegaba bastante más lejos:

«…los elementos pasionales, míticos, contenidos en el pequeño volumen y planteados con recursos dramáticos de gran efecto, se resumen y convierten en elementos vivos en la conclusión, en la invocación a un príncipe “realmente existente”.»[27]

En otros términos, el Principe simbólico toma cuerpo en una forma de príncipe real (la ideología tiene una existencia material).[28] Aquí está la genialidad de Maquiavelo, que para hablar de las virtudes del gobernante se atreve a condensarlas en una figura concreta y más aún, comete la osadía de reclamar a las personalidades de su tiempo que se identifiquen con esa figura, de la que habrían de aprender no solamente las mañas, sino también la importancia que en su proyecto tenía cultivar el consentimiento de su poder (hegemonía) por parte del pueblo. Esta concreción del proyecto histórico en un sujeto «realmente existente», es precisamente el papel que Gramsci asignaba al partido político, príncipe moderno, que naturalmente no era otro que el partido marxista-leninista.

Este es el punto en que Gramsci pretende sobrepasar a Sorel, quien «partiendo de la concepción de la ideología-mito, no llegó a comprender el fenómeno del partido político»,[29] lo que le hacía incapaz de ir más allá de una forma espontánea y negativa de práctica política asociada al movimiento sindical (y cuyo extremo sería la huelga general), hacia una forma «activa y constructiva».[30]

Planteada así la cuestión, el príncipe sería un Aparato de Estado (Cf. Althusser), que funciona tanto por medio de la disciplina como por medio de la ideología (aspecto este que casi mostraba Maquiavelo cuando hablaba del centauro, en el que debían convivir, junto al hombre, la fuerza del león y la astucia del zorro). Y es en el príncipe nuevo del que habla Maquiavelo, y que debe ganar su gloria por medio de sus propias armas y gracias a su propia virtú, donde Gramsci reconoce el papel desempeñado por el partido político de la clase obrera.

En la vertiente ideológica de esta empresa (que es la que encuentra su inspiración en la concepción del príncipe como un modelo de la unificación italiana), lo que a Gramsci le preocupa es cómo puede llegarse del mito popular espontáneo del condottiero a su realización efectiva en un proyecto político organizado y coherente. Por utilizar una terminología más correcta, lo que Gramsci está pensando (a través de Maquiavelo) es el gran problema de cómo puede producirse y divulgarse, sobre el «sentido común» y la ideología espontánea,[31] una nueva concepción del mundo consciente y reflexiva. Una concepción del mundo, que aúne teoría y práctica y que se convierta por tanto en un arma (filosófica, si la filosofía es precisamente ese «apuntar hacia otro lugar» del que hablábamos)[32] para emprender una transformación colectiva de la historia. De lo que se trata por tanto, es de garantizar la hegemonía del príncipe moderno, no por medio de la lobotomía o el lavado de cerebros, sino por el cultivo de una visión del mundo destinada a las masas, para volverlas críticas y reflexivas. Este problema ya lo encontramos correctamente planteado en los mismos cuadernos de Gramsci, quien lo resuelve por medio de la ecuación entre masa-intelectuales-partido:

(1) Como salta a la vista, el problema que se plantea no es otro que el de la unidad entre intelectuales (orgánicos)[33] y masa:

«…la organicidad de pensamiento y la solidez cultural podían lograrse solamente si entre los intelectuales y los simples[34] hubiera existido la misma unidad que debe darse entre la teoría y la práctica, si los intelectuales hubiesen sido intelectuales orgánicamente pertenecientes a esas masas, si hubiesen elaborado y dado coherencia a los principios y problemas que éstas planteaban con su actividad, constituyendo así un bloque cultural y social.»[35]

(2) Ahora bien, este problema se resuelve por la mediación del partido político, que al englobar a intelectuales y masas establece una línea cultural para la práctica teórica:

«Estos desarrollos plantean muchos problemas, los más importantes de los cuales se resumen en el modo y la calidad de las relaciones entre los diversos estratos intelectualmente calificados, es decir, la importancia y la función que debe y puede tener el aporte creador de los grupos superiores, en conexión con la capacidad orgánica de discusión y de desarrollo de nuevos conceptos críticos por parte de los estratos intelectualmente subordinados. Se trata, por consiguiente, de fijar los límites de la libertad de propaganda y de discusión, libertad que no debe ser entendida en el sentido administrativo y policial, sino en el sentido de autolimitación que los dirigentes acuerdan a su propia actividad, o sea, en sentido propio, la fijación de una orientación a la política cultural.»[36]

Obviamente no hablamos de la censura ni del lavado de cerebros: hablamos del modo en que debe autorregularse la intervención cultural de los intelectuales orgánicos. Esta autorregulación pretende simplemente el ejercicio consciente y eficaz de los fines que se han propuesto esos intelectuales (a saber: difusión de una concepción del mundo que supere la ideología espontánea de masas, y en relación con ello, formación de nuevos estratos de intelectuales orgánicos).[37]

* * *

Estos son por tanto los términos del problema para Gramsci:

(1) La clase obrera tiene ante sí la tarea histórica de su emancipación, y con ella la supresión de la sociedad de clases.

(2) La unidad política de la clase obrera, depende en buena medida de su capacidad para dotarse a sí misma de su propia imagen (ideológica) y así pasar, como diríamos en hegeliano, «de sustancia a sujeto».

(3) Es el partido de la clase obrera el que hace posible esta autoconciencia, por medio de una política cultural que realice la unidad entre teoría y práctica, por medio de la unidad entre la reflexión crítica de los intelectuales y la ideología práctica espontánea de las masas (lo cual es imprescindible por cuanto que esta ideología, dejada a su suerte, sirve irremediablemente como garante del estado de cosas existente).

Si Gramsci ha hecho fortuna con su concepto de intelectuales orgánicos, no es porque estos deban «dirigir» el pensamiento de las masas: al contrario, el intelectual orgánico debe más bien asumir una especie de «línea de masas» para evitar ese distanciamiento tan habitual (como puede verse en el mundo académico) entre los que saben y los que no. Que las masas como tales también piensan, es un hecho; que su pensamiento espontáneo esté ligado a la empiricidad y a la resolución concreta de problemas por medio de aquellos aparatos conceptuales que se encuentren a su alcance, no es un defecto del vulgo sino todo lo contrario, la verdadera condición de su potencia intelectual (esa potencia de la que a menudo están desprovistos los «intelectuales» profesionalizados), tal como la podemos ver en funcionamiento toda vez que la alta cultura entra en crisis o que simplemente, los hombres necesitan de nuevos conceptos para resolver sus problemas cotidianos. La idea gramsciana de que el partido de la clase obrera deba marcar una política cultural que garantice la unidad entre masas e intelectuales, tiene que ver justamente con esto: hay que servirse de esta contradicción, como de los tumultos decía Maquiavelo que debía servirse la república, para enriquecer la condición intelectual de las masas (sin olvidar que es igual de importante hacer de la «línea de masas» un foco que concrete la reflexión de los intelectuales). La cuestión aquí no es la de aquella investigación esotérica que realizan cotidianamente los intelectuales, sino la cuestión de la cultura de masas como un problema político.
5. Maquiavelo y la filosofía materialista

Y ahora, volvamos a discutir sobre filosofía. Althusser concluye su trabajo sobre Maquiavelo con la siguiente sugerencia: «Spinoza lo consideraba acutissimus en política. Parece que no sospechó que era también el más agudo en filosofía materialista.»[38] Pues bien, a este respecto es central la noción de Fortuna. Y es que el enfoque maquiaveliano de la virtú no va más allá de los tópicos de la realpolitik, si no se atiende a la tensión introducida por la Fortuna como fuerza aleatoria e imprevisible, desorganizada y por eso mismo fuera de toda conceptualización teórica de la práctica social. La Fortuna no es la voluntad de los dioses: es el límite externo imprevisible para todo conocimiento individual o colectivo –es la posibilidad contra-ontológica de que en cualquier momento pueda acontecer cualquier cosa. Por eso, como supo ver Althusser, Maquiavelo no es ni Spinoza (que no tiene dialéctica)[39] ni es Montesquieu, puesto que

«Lo que le interesa no es “la naturaleza de las cosas” en general (Montesquieu), sino, por dar a la palabra toda su fuerza, “la verità effectuale della cosa”, de la “cosa”, en su singular, la singularidad de su “caso”.»[40]

La introducción de la contingencia es lo que marca la diferencia entre el quietismo de la «ciencia» de la política (como la querría Monstesquieu) y la verdadera práctica política. Por eso Maquiavelo no habla del príncipe en abstracto, sino de aquél príncipe que debe llevar a cabo la unificación italiana: «Me parece que concurren tantas cosas a favor de un príncipe nuevo que yo no sé si ha habido otro tiempo más propicio que el actual.»[41]

Todo encaja. Es aquí, en el punto en que la supuesta abstracción teórica se cruza con el panfleto o con el manifiesto, donde Maquiavelo eleva la política a su estatura propia: como hiciese Newton en física, Maquiavelo va a distinguir entre «hechos» y «leyes». Frente a la vía «kepleriana» de un Hegel, Maquiavelo va a distinguir lo que se puede extraer como constantes de la práctica política concreta, y lo que se especifica como imprevisibles cuestiones de hecho. Así, el análisis de la historia de la política (según las fuentes clásicas) nos dirá que un principado debe gobernarse de tal y cual manera, previendo una serie de circunstancias; sin embargo, el hecho de que algún acontecimiento inesperado vaya a surgir en el peor momento, es absolutamente impredecible. Esto es lo que sedujo a Althusser, que en su mencionado texto sobre Maquiavelo retoma una fotocopia de un curso anterior dedicado al florentino, y lo llena de anotaciones añadidas en las que naturalmente abundan las referencias al llamado «materialismo aleatorio», materialismo del encuentro: «Para que un ser sea (…) es necesario que un encuentro haya tenido lugar (pretérito perfecto de subjuntivo).»[42] Este «encuentro» en términos de Althusser, no es menos cierto que se puede encontrar en Marx (parcialmente) o en la práctica revolucionaria de un Lenin. Aquí entra la importancia (parece que subestimada) de aquél materialismo aleatorio: cierto que en Marx o en Lenin se puede encontrar este modo de materialismo… pero es preciso buscarlo, y en determinada coyuntura, como la que rodeaba y la que rodea hoy a (lo que queda del) movimiento obrero, puede serlo aún más introducirlo. Althusser encuentra este materialismo, eminentemente, en Maquiavelo. Pero Althusser es y seguirá siendo un marxista (y antes que un marxista, un político): este materialismo aleatorio no es un olvido de Marx, sino una toma de partido teórica en su lectura –y a su vez, una condición filosófica imprescindible para poder efectuar esa lectura: la condición de suprimir el absurdo debate sobre si hay dos Marx, o si hay un Marx… puesto que hay todos los Marx y la cuestión está en elegir con cuál nos quedaremos. Esta toma de partido era, según reconoció Althusser, una intervención política dentro del seno del PCF: el único modo de luchar por transformar este partido altamente burocratizado, pasaba por encararse con los «santos padres» y por usar el mismo lenguaje de los jerarcas para combatir su apropiación de los textos y de las «citas célebres», siempre a favor de su propias posiciones. El único modo de realizar críticas toleradas (que no terminasen en la expulsión), pasaba por una re-lectura de los textos, que se convirtieron por aquel entonces en un verdadero campo de batalla.

Lo que nos tiene que interesar de esta lectura, es ante todo su enfoque político. Con ello Althusser nos recuerda la urgencia de una política de la lectura, que es como decir de una política de la contingencia (la extrema contingencia de un espacio político-politizado como es un texto). La actualidad de esta política se impone en la urgencia de volver a un Marx que (contrariamente a las lecturas académicas que de él se han querido apropiar, con objeto de pacificarlo) no es ni el Marx de los determinismos, ni el de cierta dialéctica vagamente hegelianizante y holista, ni el de los humanismos –tampoco el de los «voluntarismos»– sino el de la política. Que por tanto es, también, el Marx marxista (pues el otro es impensable). El Marx ubicado la forma verbal del futuro anterior: en efecto cuando Marx se sienta en la biblioteca del Museo Británico, no es marxista; sin embargo, es igualmente verdadero decir que habrá sido marxista. Esa es la contingencia sobre la que operamos: Marx habrá sido o no habrá sido marxista; sólo desde nuestra intervención sobre su herencia podemos hablar del marxismo de Marx como de un acontecimiento verdadero: como dice Badiou, «…sólo una intervención de interpretación puede sostener que el acontecimiento está presentado en la situación, en tanto advenimiento al ser del no-ser…»[43]

* * *

¿Por qué tiene que ver todo esto, esta pasión política de intervenir sobre un espacio contingente, con Maquiavelo? Naturalmente, porque Maquiavelo exhorta. Porque empuja a una transformación que en su momento era, aunque limitada, poderosamente revolucionaria; cosa que hace situándose voluntariamente en el pasado, para proyectar contra el futuro algo que no es ya una utopía irrealizable sino la transformación inmediata que concibe al asumir como propia (eso y no otra cosa es un manifiesto) una tarea histórica.

6. De filosofías y manifiestos

Y ahora resulta que para entender el potencial del discurso maquiaveliano, deberemos dar un rodeo por la filosofía.

Como veíamos arriba, toda filosofía se lleva a cabo (igual que cualquier otra práctica) desde una posición concreta. El pensamiento es inseparable del espacio a partir del cual es producido. Convendremos en ello, sin ningún problema. Por supuesto que toda la filosofía clásica se ocupó de ocultar este hecho incontrovertible, por mucho que en algunos momentos de descuido la verdad reprimida salga a la luz (podríamos pensar, a modo de lapsus, en la afamada estufa de Descartes). Frente a esta filosofía clásica, muchos otros autores (lo que Alain Badiou llama los antifilósofos) se han encargado espléndidamente de fundar su pensamiento dando estricta cuenta de la que sería su posición de enunciación, el lugar a partir del cual emiten su discurso.[44]

Pero sentado esto, hay algo más que caracteriza el dispositivo discursivo de la filosofía. Y es que si bien surge de una posición concreta, apunta hacia otro sitio.

A modo de anécdota, había un párrafo en Maquiavelo que le hacía gracia a Althusser y en el cuál éste decía encontrar una metáfora del carácter equívoco de la obra del florentino:[45] en efecto, en un pasaje de El arte de la guerra, Maquiavelo hace un extraño apunte sobre la artillería. Este apunte tiene que ver con los problemas que según parece acarrearía para un ejército en marcha, puesto que cuando las piezas eran portadas en sus avantrenes no podían disparar más que en dirección contraria a aquella en la que marchaban (y tener que darles la vuelta conllevaría desordenar la formación).[46] Según Althusser, esta sería una buena descripción de la obra de Maquiavelo, quien en efecto como la artillería marcha hacia un lado y dispara en otra dirección.

Pues bien, esta sería también una excelente descripción de la tarea filosófica. La filosofía, aunque pueda ser contextualizada como cualquier otra forma de pensamiento, posee en cambio un potencial que la distingue de los dispositivos normalizadores al uso (todos aquellos que surgiendo de una posición concreta dada, apuntan redundantes hacia lo mismo). Y es de este modo, precisamente, como sería pertinente trazar el paralelismo de la filosofía con otra forma de discurso: el dispositivo que llamamos manifiesto.

Veamos uno de los casos más eminentes de manifiesto: las llamadas «Tesis de abril», de Lenin. Estas conocidas «Tesis» fueron presentadas el 4 de abril de 1917, justo tras el regreso a Petrogrado. Lenin es uno más de los muchos exiliados rusos que regresan al calor de los acontecimientos. Durante su exilio, su principal fuente de información era la prensa legal. Por tanto, según él mismo reconoció, su conocimiento de las condiciones reales y concretas era limitado:

«Habiendo llegado a Petrogrado únicamente el 3 de abril por la noche, es natural que sólo en mi nombre propio y con las consiguientes reservas, debidas a mi insuficiente preparación, pude pronunciar en la asamblea del 4 de abril un informe acerca de las tareas del proletariado revolucionario.»[47]

Una intervención individual, que no se adhiere a ninguna de las líneas trazadas dentro del propio partido socialdemócrata ruso (por tanto, una intervención marginal dentro del partido). Una intervención tras la cual no saldrá reforzado dentro de este aparato partidario, sino todo lo contrario. En primer lugar, su intervención es recibida como una proclama «guerracivilista»; y en palabras de Plejánov, «delirante». Pero el ala derechista no es la única que reniega de las «Tesis»: éstas no serán mejor tratadas por un ala voluntarista que pareciera pretender una revolución efectiva de la noche a la mañana, y que se ocupará de tergiversarlas en este sentido.

Y no era sino este abismo de incertidumbre lo que Lenin rozaba en esa obrita aún temprana titulada ¿Qué hacer?; ese abismo, que entonces aún asustaba a Lenin («“¡Hay que soñar!” He escrito estas palabras y me he asustado»[48]), no era otro que el de la anticipación marginal del acontecimiento.

Pues bien, este carácter marginal (a la vez que profético) del manifiesto programático, es precisamente el mismo que encontramos en Maquiavelo y lo que, me atrevo a decir, constituye el carácter fundamental del discurso filosófico.

Como el manifiesto, la filosofía avanza con los pies en el suelo (siempre, aunque diga lo contrario) a la vez que dispara hacia otro lugar. Manifiesto y filosofía no son otra cosa que formas anómalas de discurso, y lo son por cuanto que, diestras conocedoras de la situación real (insisto en ello: no se es profeta sin conocer las fullerías del siglo),[49] se proponen hablar sobre algo que no existe en el espacio o en el tiempo.

Es una constante la posición marginal del sujeto (individual o colectivo) que enuncia este tipo de dispositivo. Soledad filosófica de la dialéctica, soledad política del revolucionario, soledad histórica del príncipe nuevo. Tareas como la fundación del Estado, o la producción de un enunciado filosófico, son por eso tareas marginales (ejercidas desde los márgenes, desde la anomalía).

* * *

Ese es el modo en que los filósofos, como los autores de manifiestos, nos recuerdan una preocupante sospecha que igualmente podríamos imaginar rondando por el cerebro de Maquiavelo. Es cierto que todo pasado se encuentra, siempre, desajustado y por eso no podemos con seriedad (¡hay que ser serios!) regresar a él para aprender sus lecciones; es cierto que todo futuro es imprevisible y que resulta ingenuo proyectar nuestras simples esperanzas, miserables e irrealizables. Sin embargo, ese entrañable Maquiavelo que escribía manifiestos y que se indignaba ante el olvido renacentista del núcleo vital de la roma clásica (su política), ¿no nos hace pensar tal vez que no sea ni el pasado ni el futuro lo que se encuentran desajustados, y que sea el llamado «presente» lo que al cabo se encuentra a destiempo, tal vez venido a menos, tal vez impaciente a la espera de que algo suceda?

Este potencial, el potencial de reconocerse a destiempo, es precisamente la tarea fundamental del pensar. Reconocerse en otro lugar, por tanto ser capaz de distanciarse de la supuesta cotidianeidad y en cierto modo automarginarse. Sin venderse demasiado, sin querer agradar a todos, sin ceder la posición, sin conceder jamás.

Y es cosa sabida que nuestro siglo, de momento, se encuentra (como el siglo de Maquiavelo) a destiempo: a destiempo de las luchas obreras, a destiempo de las revoluciones, a destiempo de una olvidada tradición de pensamiento socialista. Por eso cuando se dice que el socialismo ha «pasado de moda», que se encuentra fuera de tiempo, cabría hacerse una pregunta suspicaz: si tal vez el tiempo perdido, el que nadie recordará ya sin un desdén de aburrimiento dentro de quién sabe cuánto, no será simplemente el nuestro. Si el viejo topo no seguirá su impasible trabajo, mientras por uno de esos azares de la historia los realmente olvidados seremos nosotros.
7. Discursos sin sujeto

Alain Badiou ha hablado de verdad, entendida al modo de una relación de fidelidad con un acontecimiento.[50] Un acontecimiento puede ser o no reconocido (por medio de lo que llama una intervención de interpretación): y es la fidelidad a un acontecimiento, la relación de verdad que a posteriori demarca una subjetividad. Por eso según Badiou existen cuatro procedimientos de verdad: la política, el amor, el arte y la ciencia. Pues bien, si esto es así, entonces nuestro tiempo se caracteriza fundamentalmente por la ausencia de sujetos, derivada de la crisis generalizada de estos procedimientos.

Ahora bien, ¿no da la casualidad de que, igual que en nuestro propio caso, la intervención discursiva de Maquiavelo se ejerció precisamente a partir de dicha crisis subjetiva? Y es que filosofía y manifiesto, constituyen dos formas ejemplares de discursos sin sujeto. Se trata de discursos que prevén un acontecimiento, o que en todo caso se sitúan al margen de todo acontecimiento reconocido (técnica histérica de la filosofía: «no es eso»). De este modo, más allá de cualquier procedimiento de verdad, estos dispositivos se ejercen allí donde la verdad es imposible, allí donde no existe fidelidad o compromiso, y donde en definitiva no se puede hablar de que exista sujeto alguno. Y es en tanto que dispositivo de este tipo, como la filosofía se ubica voluntariamente en la posición excrementicia de la desubjetivación: por eso la filosofía no tiene propiamente un sujeto (y por eso mismo no se es «filósofo» sino a intervalos, preferiblemente transitorios).

¿No es esta nuestra posición actual? Una posición desubjetivada es la propia de nuestro tiempo, donde los procedimientos de verdad de los cuales habla Badiou han entrado en severa bancarrota. Sin embargo, las bancarrotas de este tipo fueron siempre una condición necesaria para proyectar lo nuevo. Volvemos a Maquiavelo: porque es en esa Italia subyugada por los poderes extranjeros, «más esclava que los hebreos, más sometida que los persas, más dispersa que los atenienses, sin un guía, sin orden, derrotada, despojada, despedazada…»[51] donde precisamente se dan las condiciones óptimas para el advenimiento de un príncipe nuevo: «me parece que concurren tantas cosas a favor de un príncipe nuevo que yo no sé si ha habido otro tiempo más propicio que el actual».[52] Y como Maquiavelo, también es el caso obvio de un Lenin que en el exilio suizo en plena guerra europea, se encerraba en la biblioteca de Berna para leer filosofía (y de qué manera: desde luego, sin evadirse jamás de la realidad). En estos casos y en muchos similares, tenemos la constatación de que el dispositivo discursivo para un tiempo de crisis es el mismo que comparten tanto la filosofía materialista como el manifiesto revolucionario. Pues ambos son formas de un discurso sin sujeto.

Un discurso sin sujeto, significa empezar a trazar unas coordenadas a partir de las cuales el sujeto habrá advenido (futuro anterior). Por eso un discurso sin sujeto nos remite a la ingrata práctica diaria: a la militancia cotidiana, a la propaganda constante, al estudio paciente. Aquí y ahora, a las disputas coyunturales, que lo son todo. Pero lo que no es menos importante, nos remite también al delirio desesperado de quien se atreve (no sin miedo) a soñar despierto. Un discurso con sujeto nos remite a lo que somos, en relación con un acontecimiento del que conservamos memoria; un discurso sin sujeto nos remite a lo que hacemos, temerosos por no saber aún quién habremos sido.

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MAO ZEDONG: «Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo», en Obras escogidas, V, Beijing, Ediciones en Lenguas Extranjeras, 1976, pp. 419-58.

MAQUIAVELO, N.: Del arte de la guerra, Madrid, Tecnos, 1988.

MAQUIAVELO, N.: Discursos sobre la primera década de Tito Livio, Madrid: Alianza, 1996.

MAQUIAVELO, N.: El príncipe, Madrid, Alianza, 1988.

MARMOR, F.: Le maoïsme, París, Presses Universitaires de France, 1976.

NOTAS:

[1] «No obstante, es de notar que su empleo de ejemplos sacados de los clásicos es muy libre; en general los ejemplos se extraen para corroborar conclusiones a las que ha llegado por su propia experiencia» (Giner, S.: Historia del pensamiento social, Barcelona, Ariel, 1982, p. 201).

[2] Véase la propia posición de Althusser al respecto, en Althusser, L.: Lo que no puede durar en el Partido Comunista, Madrid, Siglo XXI, 1978.

[3] Maquiavelo, N.: El príncipe, Madrid, Alianza, 1988, p. 32.

[4] Baste con citar este archiconocido pasaje: «el fin del pueblo es más honesto que el de los grandes, ya que estos quieren oprimir y aquél no ser oprimido» (Ibíd., p. 64). Aquí Maquiavelo casi se acerca a lo que en política se llamaría «movimientos de base». El problema es que, como se observa en todo el libro, esas bases no constituyen una fuerza autónoma y homogénea capaz de subsistir por sí misma.

[5] Badiou, A.: «Nietzsche, filosofía y antifilosofía», en .

[6] Maquiavelo, N.: El príncipe, Loc. Cit.

[7] Gramsci, A.: Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado moderno, Buenos Aires, Nueva Visión, 2003, p. 10.

[8] Ibíd.

[9] «La ideología interpela a los individuos como sujetos.» Cf. Althusser, L.: «Ideología y Aparatos Ideológicos de Estado», en Ideología y aparatos ideológicos de Estado. Freud y Lacan, Buenos Aires, Nueva Visión, 2003, pp. 52-58.

[10] Es conocida al respecto la posición de Rousseau: Maquiavelo era simplemente un republicano (y como tal se expresa en los Discursos sobre la primera década de Tito Livio) que por medio de este librito en el que parece ilustrar al príncipe, en realidad previene al pueblo de las malas artes que en su contra utilizan los gobernantes. Del otro lado, aunque naturalmente sin criticar la monarquía sino los métodos que el florentino le adscribe, tenemos un clásico como el Anti-Maquiavelo del no por ello menos despótico (aunque supuestamente ilustrado) Federico II de Prusia.

[11] Althusser, L.: Maquiavelo y nosotros, Madrid, Akal, 2004, p. 67.

[12] Maquiavelo, N.: Op. Cit., p. 83.

[13] Donde por «pueblo» habrá de entenderse la nueva burguesía que poco a poco ha ido incrementando su poder económico y político hasta entrar en conflicto con la antigua nobleza feudal. Y esta burguesía será la que financie en buena medida los nuevos Estados absolutos.

[14] También el nacionalismo constituye una anticipación de Maquiavelo, cuya importancia aún no había sido contemplada por los Estados de su tiempo.

[15] «El Estado es producto y manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase. El Estado surge en el sitio, en el momento y en el grado en que las contradicciones de clase no pueden, objetivamente, conciliarse. Y viceversa: la existencia del Estado demuestra que las contradicciones de clase son irreconciliables» (Lenin, V. I.: «El Estado y la revolución», en Obras escogidas en tres tomos, 2, Moscú, Progreso, 1975, p. 298.)

[16] Maquiavelo, N.: Discursos sobre la primera década de Tito Livio, Madrid: Alianza, 1996, p. 39.

[17] Althusser, L.: Op. Cit., p. 77.

[18] Véase cómo explica Maquiavelo, en los Discursos, su sentimiento ante la admiración «renacentista» por el más mínimo vestigio de la Antigüedad: «no puedo por menos que maravillarme y dolerme juntamente», por cuanto que «cuando se trata de ordenar la república, de mantener el estado, gobernar el reino (…) no se encuentra príncipe ni república que recurra a los ejemplos de los antiguos» (Maquiavelo, N.: Op. Cit., p. 26.) Efectivamente, Maquiavelo no es un renacentista.

[19] Marmor, F.: Le maoïsme, París, Presses Universitaires de France, 1976, p. 34.

[20] Mao Zedong: «Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo», en Obras escogidas, V, Beijing, Ediciones en Lenguas Extranjeras, 1976, p. 420.

[21] Ibíd.

[22] Badiou, A.: El ser y el acontecimiento, Buenos Aires, Manantial, 1999, p. 431.

[23] Por eso mismo, no es cierto que el Estado sea Uno, ni garante de la unidad –solamente lo es en su (célebre y celebrada) forma mistificada. Pero por suerte, esta forma nunca se hace efectiva.

[24] Mao Zedong, Op. Cit., p. 420.

[25] Ibíd., p. 421.

[26] No hará falta subrayar la importancia de asumir este argumento, a la hora de pensar en la necesidad y en la eficiencia de un pluralismo interno al movimiento obrero.

[27] Gramsci, A.: Op. Cit.

[28] Alhusser, L.: «Ideología y Aparatos Ideológicos de Estado», Op. Cit., p.47.

[29] Ibíd.

[30] Ibíd., p. 11.

[31] «…un grupo social tiene su propia concepción del mundo, aunque embrionaria, que se manifiesta en la acción…» (Gramsci, A.: El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce, Buenos Aires, Nueva Visión, 1971, p. 10.)

[32] Cierto que la noción de «filosofía» en Gramsci está cargada con una idea de «cosmovisión» que la aproxima a la práctica usual de las filosofía ideológicas (es decir, de las filosofías que funcionan al modo de la ideología). Quisiera plantear esta cuestión en términos más complejos. Lo cierto es que la filosofía siempre fue un arma de doble filo: por un lado, contribuía a organizar la complejidad de lo real en torno de un «orden» equilibrado y racional (y de aquí debe proceder esa tradicional afinidad de la filosofía con la «gente de orden»); pero por otro lado, también entraba en complicaciones que tendían a hacer peligrar esos mismos equilibrios. Pues bien, ¿no es esta tensión la que se encuentra cuando Gramsci se pregunta si la filosofía es «una actividad puramente receptiva, ordenadora, o, al contrario, una actividad absolutamente creativa» (Ibíd., p. 27)? Y en efecto la filosofía no es sino la contradicción entre ambas, entre el orden del conocimiento «receptivo» y la peligrosa imprevisibilidad de la inspiración «creativa».

[33] «Cada grupo social, al nacer en el terreno originario de una función esencial en el mundo de la producción económica, se crea conjunta y orgánicamente uno o más rangos de intelectuales que le dan homogeneidad y conciencia de la propia función, no sólo en el campo económico sino también en el social y en el político: el empresario capitalista crea junto a él al técnico industrial y al especialista en economía política, al organizador de una nueva cultura, de un nuevo derecho, etc., etc.» (Gramsci, A.: Los intelectuales y la organización de la cultura, Buenos Aires: Nueva Visión, 2004, p. 9.)

[34] Esto es un lenguaje tomado del catolicismo, aclaramos: quizás a esta tradición podríamos achacarle alguna culpa del tufo despectivo atribuido al muy noble término de «masa».

[35] Gramsci, A.: El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce, Op. Cit., p. 13.

[36] Ibíd., pp. 23-24.

[37] «…trabajar sin cesar para elevar intelectualmente a más vastos estratos populares, esto es, para dar personalidad al amorfo elemento de masa, cosa que significa trabajar para suscitar élites de intelectuales de un tipo nuevo, que surjan directamente de la masa y que permanezcan en contacto con ella…» (Ibíd., p. 23.)

[38] Althusser, L.: Maquiavelo y nosotros, Op. Cit., p. 127.

[39] «Seguramente un marxista no puede llevar a cabo el rodeo por Spinoza sin arrepentirse. Pues la aventura es peligrosa y hágase lo que se haga siempre le faltará a Spinoza lo que Hegel dio a Marx: la contradicción» (Althusser, L.: Elementos de autocrítica, Barcelona, Laia, 1975, p. 55.) Por otro lado, conviene tener en cuenta las obvias limitaciones de la (en último término, inexistente) dialéctica hegeliana.

[40] Althusser, L.: Maquiavelo y nosotros, Op. Cit., p. 54.

[41] Maquiavelo, N.: El príncipe, Op. Cit., p. 120.

[42] Althusser, L.: «La corriente subterránea del materialismo del encuentro», en Para un materialismo aleatorio, Madrid, Arena, 2002, p. 59.

[43] Badiou, A.: O. Cit, p. 204.

[44] «Ahora bien, está en la esencia de la antifilosofía que la posición subjetiva forme parte del argumento en el discurso. Fragmentos existenciales, a veces de apariencia anecdótica, son elevados al rango de garantía de la verdad. ¿Se puede imaginar a Rousseau sin las Confesiones, a Kierkegaard sin que seamos instruidos en detalle de su petición de mano de Regina, o a Nietzsche sin que nos tome como testigos, a lo largo de Ecce homo, de las razones que le autorizan a plantear la pregunta “por qué soy un destino”? Para un antifilósofo es evidente que la posición enunciativa forma parte del protocolo del enunciado. Ningún discurso puede aspirar a la verdad si no contiene una respuesta explícita a la pregunta: ¿quién habla?» (Badiou, A.: San Pablo. La fundación del universalismo, Barcelona, Anthropos, 1999, p. 18.)

[45] Althusser, L.: Maquiavelo y nosotros, Op. Cit., p. 45.

[46] «Debéis tener en cuenta que resulta imposible llevar la artillería entre las tropas, sobre todo la que va montada en carros, porque las piezas avanzan en una dirección y disparan en otra, de manera que si hay que disparar en marcha se hace necesario girarlas antes, y requieren tanto espacio que serían suficientes cincuenta carros de artillería para desordenar a todo un ejército. Por eso es necesario llevarla fuera de la formación, donde puede ser atacada como antes dije» (Maquiavelo, N.: Del arte de la guerra, Madrid, Tecnos, 1988, p. 97.)

[47] Lenin, V. I.: «Las tareas del proletariado en la presente revolución», en Obras escogidas en tres tomos, 2, Op. Cit., p. 35.

[48] Lenin, V. I.: «¿Qué hacer?», en Obras escogidas en tres tomos, 1, Moscú, Progreso, 1966, p. 261.

[49] Recurro a la autoridad del florentino: «Esta es la causa de que todos los profetas armados hayan vencido y los desarmados perecido. Pues, además de lo ya dicho, la naturaleza de los pueblos es inconstante: resulta fácil convencerles de una cosa, pero es difícil mantenerlos convencidos. Por eso conviene estar preparados de manera que cuando dejen de creer se les pueda hacer creer por la fuerza» (Maquiavelo, N.: El príncipe, Op. Cit., p. 50.) Pero no olvidemos que esa fuerza no es simplemente la violencia (contra cuyo ejercicio, especialmente en perjuicio del pueblo, nos previene durante todo el libro): es más bien la fuerza de la ideología, garantizada por una serie de aparatos institucionales que pueden funcionar por medio de la fuerza, pero no solamente. Maquiavelo piensa en la fuerza como caso extremo (y desesperado) para garantizarse el apoyo popular; y aun así, la propia fuerza aun sin ejercerse ha sido siempre un excelente mecanismo de consenso ideológico (no otra cosa es la policía). Sobre todo esto, sigue siendo muy actual el texto de Althusser acerca de los Aparatos Ideológicos de Estado.

[50] Cf. Badiou, A.: El ser y el acontecimiento, Op. Cit.

[51] Maquiavelo, N.: El príncipe, Op. Cit., p. 120.

[52] Ibíd.

Cuaderno de Materiales
SISSN: 1138-7734
Dep. Leg.: M-10196-98
Madrid 2008
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El gos d’Alcibiades

Publicat per neanias a 9 Maig 2009

Començo amb aquesta entrada una nova sèrie de frases fetes filosòfiques, algunes de les quals n’utilitzem sense saber d’on proceeixen o quin era el seu significat original.

Segons ens conta Plutarc, Alcibiades, cosí de Pericles, va ser un polític dotat d’una gran capacitat per publicitar els seus èxits i d’ocultar les errades o decisions dolentas en la seva acció de govern.

Doncs bé, Alcibiades es va comprar (per 7000 dracmes, una fortuna de l’època) un gos preciós. Un dia el va tallar la cua, amb el qual a la ciutat d’Atenes no es parlaba d’altre assumpte.

A les preguntes dels seus partidaria sobre les raons de semblant crimen estètic sense justificació veterinària, Alcibiades els va respondre, entre rises: “Ho he fet perquè parlin del gos i no d’altres coses”

Molt actual aquesta estratègia política, a pesar que la frase ja no se sent al carrer.

Avui dia, quan un dirigent mira de distreure l’atenció pública sobre una decisió seva, les conseqüències de la qual no li reporten rèdits polítics, se sol dir que n’ha llençat una cortina de fum, pero la referència clàssica s’assembla més a l’estratègia del pop quan llença la tinta: més que ocultar, el que fa és crear una nova circumstància que li permeti passar a un segón pla, mentre prepara una altra estratègia ulterior.

Algunes coses sembla que no canvien, oi?

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Entrevista a José María Ripalda

Publicat per neanias a 8 Maig 2009

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Catedrático de filosofía, profesor, maestro de varias generaciones, germanista, traductor entre otros autores de Herman Broch, Marx y Engels, filósofo que no suele transitar por caminos trillados, crítico cultural, autor de numerosos ensayos (De Angelis es un ejemplo reciente), José Mª Ripalda no necesita presentación y sí lectura atenta.

Has afirmado recientemente que la filosofía está hoy en una fase de transición. Transiciónm dices, ¿desde dónde y hacia dónde?

Hace dos siglos una operación filosófica podía abarcar lo universal desde lo singular; a la filosofía de finales del siglo XX le cuesta superar el recinto privado.

Definir lo humano por un núcleo racional, virtualmente divino  (Hegel) carece de plausibilidad teórica desde Freud, si alguna vez la ha tenido práctica (el gnosticismo  nos tenía en todo caso por creaturas de un demiurgo poco benévolo con nosotros).

En la tradición filosófica occidental “uno, verdadero y bueno son equivalentes” –y la ciencia ha seguido, pese a Gödel, en esta fe- .

La dispersión, también de la nada y del mal, lo incompleto de las generalidades y lo precario de las verdades son ahora una experiencia también teórica.

Puede que, más que hablar de “transición”, le haya puesto un signo de interrogación a la misma continuidad de la filosofía; Marx lo hizo también. ¿Se reacercará a la religión? ¿Degenerará en superstición? Esto se va a decidir también fuera de la filosofía.

¿Pese a Gödel, dices? ¿Por qué pese a Gödel la ciencia ha seguido en la fe de que uno, verdadero y bueno son equivalentes? ¿A qué ciencias estás haciendo referencia?

A cada ciencia y al conjunto de todas. Gödel, sentando los límites de la deducción axiomática, fue un aviso para fés teóricas cerradas.

En Marx hay una doble percepción de la ciencia: fuerza liberadora (“Asociación científica de obreros” fue un típico nombre decimonónico para las primeras asociaciones obreras en Alemania) por una parte, y por la otra que la historia de la ciencia no era su propia historia, como no lo era la de la filosofía, la religión, etc. Esta segunda percepción (de La Ideología Alemana) no puede ahora sino radicalizarse y afectar a  la confianza marxiana en la ciencia.

Has añadido que hoy la filosofía funciona como una especie de religión, como si los estudiantes buscasen ser reconfortados esperando encontrar doctrina, recursos más que reflexión propia. ¿Es así? ¿No hay aristas filosóficas alejadas de esa concepción cerrada, poco crítica, del filosofar? ¿No eres tú mismo, tu práctica filosófica, una refutación de esa antigualla teórica?

Creo que me reproducís un tanto a brocha gorda. Mi posición es ésta: La reflexión es incapaz en última instancia de cerrarse sobre sí misma; y en la filosofía hay mucha cripto-religión. No es para tomarlo con una crítica apresurada, sin antes examinarlo  despacio. La filosofía puede ser  un lujo narcisista; pero la mayoría de mis estudiantes trata de estudiar algo para uno mismo, no para el trabajo; se puede ver, al menos, como un gesto de rebeldía y de esa dignidad a la que en todo caso no tienen derecho los “ciudadanos de a pie”, sino sólo los “caballeros”  con armadura y escudero (coche blindado y guardaespaldas). Así surgió también la filosofía del Idealismo alemán.

¿Cuáles serían entonces tus principales desconfianzas hacia la filosofía actual?

“Desconfianza” no es la palabra, aunque Derrida me la atribuyó alguna vez. Yo diría “reserva”. Por de pronto es que la veo más como una amapola encima de un montón de estiércol que como la expresión de nuestra íntima divinidad. Crece como el Edelweiss sólo en ciertos puntos climáticos de concentración cultural. También su alcance es más limitado de lo que suele pretender.

¿Cuál ese es alcance limitado al que aludes? Más en general, ¿cómo concibes tú el papel de la filosofía en los estudios superiores e inferiores?

Creo pertinente recordar la polémica de Manuel Sacristán con Gustavo Bueno sobre la oportunidad de que la filosofía sea una carrera universitaria generalizada. Simpatizo con la matizada posición negativa de Sacristán.

Podrías trazar un balance sucinto de eso que ha sido llamado y sigue siendo llamado aún “postmodernismo”. ¿Tiene sentido hablar de esas corrientes filosófico-literarios como la punta de lanza cultural del capitalismo tardío? ¿El postmodernismo es un movimiento homogéneo en tu opinión?

Considero la postmodernidad una operación cultural metropolitana, cuyos límites he tratado de precisar en De Angelis, pero que no son tajantes. Ocurrió en los últimos 30 años del siglo XX, cuando la producción cultural adquirió un rango preeminente entre las fuerzas productivas; pero no constituye un período, sino un síndrome cultural que, por explosivo, ha resultado revelador de una crisis radical en las convicciones y las actitudes. Una izquierda inopinada tanto en la Europa continental e insular como en las Américas (Harvey, Jameson, etc.)  copó el mayor protagonismo en su teorización. Fue un rebrote del enfoque marxista  desde la metrópoli como atención seria y comprometida con la realidad.

¿Por qué has afirmado que en el Estado español, como país periférico, es imposible hacer filosofía y que desde el padre Suárez no hay filosofía propiamente en España? ¿Es una simple boutade? ¿Hacia donde apuntas con esa llamada de atención? Por lo demás, no has dejado de sorprendernos, desconocíamos tu interés por la filosofía suarista.

En el siglo XVI España era metrópoli en  sentido pleno; pero llevaba el gusano de la limpieza étnica y religiosa en su misma médula; el Humanismo español se hundiría enseguida. Bajo una Inquisición de siglos no hay filosofía. España se hizo ella misma periférica culturalmente antes de convertirse en simplemente periférica.

El compañero de Lutero, Melanchton, no pudo encontrar mejor formación para el clero protestante que la escolástica entonces más moderna y competente, como un gótico tardío, la de Suárez. Por eso Gadamer ha dicho que el Idealismo alemán consistió en Rousseau más el Padre Suárez.

¿Cuáles son tus principales intereses filosóficos actuales? ¿Qué autores transitas más y con mayor agrado?

Soy historiador de la filosofía y me interesa sobre todo el entorno de Hegel. A él pertenece una figura increíble, no por su doctrina –como tampoco Hegel-, sino por la fuerza de su operación: Marx. En lo actual me interesa sobre todo la filosofía francesa de los últimos cuarenta años; no han sabido bien qué hacer con Marx y en ese cruce es donde se concentra mi interés, como es a su modo también el caso, v. g., de Zizek.

No sé si el ismo es adecuado sin matices pero tú has sido considerado, y te has considerado, un pensador marxista o un filósofo inspirado en la obra de Marx. Ahora que recordamos el 125 aniversario de su fallecimiento, ¿qué te parece más esencial de su legado? De hecho, tú has recomendado leer a Marx para liberarnos del marxismo. ¿Puedes explicarnos el oxímoron?

Es imposible repetir el pensamiento; cada tiempo produce sus ideas y sus lecturas de lo anterior. De un pensamiento podrá impresionar su operación teórica, uno compartirá de qué iba, tendrá enemigos semejantes, aprenderá sobre todo leyendo a “su” autor. A esto se le puede llamar (en mi caso) “venir” de Marx. Siempre se me notará que no provengo de Heidegger. De la línea Hegel-Marx me viene la “negatividad” antes que la “nada” heideggeriana.

Lo que más me impresiona ahora de Marx es su capacidad de reacción total (intelectual, afectiva, práctica) a la situación que vivió ya de joven abogado ante la destrucción por el capitalismo de la sociedad agraria, y luego su capacidad de vivir a cuerpo perdido cada coyuntura con una enorme inteligencia y generosidad, sin sublimarla cripto-religiosamente. Nada mejor para aprender a pensar aquí y ahora. Por eso es una traición a lo más íntimo de Marx quedarse en su doctrina fija, mientras que dedicarse a captar y procesar una realidad tan contemporánea como la postmodernidad, “viniendo” de él, es hacerlo revivir.

¿Por qué dices que la filosofía no está hecha para la publicidad, que la filosofía no tiene que tener pretensiones de público? ¿Estás a favor de una filosofía aislada y incrustada en la Academia? ¿Dónde queda el proyecto ilustrado?

Aquí y ahora, en mi opinión, a un intelectual digno le toca: 1º) Callarse; 2º) Hablar lo justo para que su silencio no se malinterprete como complicidad. (De Angelis, cap. 3: “Filosofía y postmodernidad”).

Hegel  dedicó epítetos emocionados a los ilustrados, su fuego y su valor, que seguramente no habría dedicado ni a la actual izquierda universitaria ni a los filósofos publicistas actuales de América y Europa ni al mito ilustrado del liberalismo político, hoy dominante de hecho hasta en la retórica de Batasuna.

Tú no sólo eres un germanista reconocido sino un excelente conocedor de la obra de Hegel. ¿Qué relación existe en el pensamiento de Hegel entre las nociones de realidad y libertad? ¿Qué puede rescatar de Hegel la izquierda de hoy?

Para ser un buen germanista profesional hay que saber más que yo; pero a trechos conozco a Hegel. Según él realidad y libertad coinciden, lo que es una afirmación religiosa y también peligrosa. Pero quitad eso y queda una capacidad de condensar realidad hasta entonces inédita. Marx “proviene” en esto de Hegel;  también tiene filtrada algo de su cripto-religión (criticable, pero con mucha atención).

Algunos autores afirman que cuando el principio de realidad se hace muy fuerte en Hegel, su lógica se cuartea y  acaba recurriendo a la fe. ¿Es así en tu opinión?

Toda la filosofía de Hegel es un acto de fe; acto de fe en el sentido, en el carácter divino del mundo y de sí, aunque no en un Dios teísta o católico. Es muy interesante especulativamente la tensión entre esa fe y la realidad; en este momento le dedico especial atención. Por otra parte sus grandes obras (la Fenomenología del Espíritu y la Ciencia de la Lógica) las escribió muy deprisa, cosa que sentía dolorosamente; de hecho sus tardías clases berlinesas  siguen  en el detalle más a la realidad vivida que a la sistemática de las grandes obras.

Has afirmado también que el lenguaje político actual recurre a Kant, utilizando un lenguaje impermeable a la realidad y abandonando  la dialéctica hegeliana. ¿El lenguaje de qué políticos recurre a Kant? ¿Quiénes, cómo, por qué?

Desde luego la ética al uso. En política –sobre todo continental- Kant ofrece una forma más digna de regurgitar la filosofía ilustrada, pues en él se reconocen problemas inmanentes de ésta; ellos impulsaron el surgimiento de otra filosofía incapaz de conformarse  con la mitología blanca de la Ilustración.

Vindicas por lo demás la dialéctica hegeliana. ¿Cuáles son sus méritos en tu opinión?

No sé si la vindico; no puede resolver los dualismos que plantea (singular-general, teoría-práctica, concepto-realidad, etc.) y busca la reconciliación de las contradicciones, cuando la misma contradicción, no digamos la reconciliación, es reductiva de lo real. Pero enseñó a tomar en serio lo real, sin confundirlo con lo que enseña de él el sentido común o los principios genéricos. No se puede ser  hegeliano; pero el precio de retroceder más allá de Hegel es muy alto.

En cuanto a la inversión de la dialéctica (Prólogo a la 2ª ed. de El Capital), Marx no consideró que, cuando se vuelca una carreta,  puede que se haga astillas.

Has escrito en alguna ocasión contra la noción de hegemonía. ¿Por qué desconfías de esta noción gramsciana? Afirmas en ese mismo trabajo que también fue un motivo de preocupación muy profundo para Sacristán. ¿Podrías precisar esta consideración?

Gramsci vivió en el declive del momento revolucionario al final de la 1ª Guerra Mundial. Había percibido las carencias estratégicas de tomar como modelo el asalto al Palacio de Invierno. Ahora no vivimos en coyuntura revolucionaria, ni se puede insistir en las estrategias de ganar la opinión pública, mostrar superioridad moral, usar medios simbólicos fuertes, etc. sin tener en cuenta que la hegemonía, como se vio en la Transición española, consta también del miedo de las masas, el acuerdo de las élites políticas, la dosificación de la violencia de Estado, el control de los medios de comunicación, los acuerdos económicos de fondo, la coyuntura internacional (en la Transición contexto de Guerra Fría y disposición extranjera a invertir masivamente). Es precisa también la oportunidad y ésta dicta normas imprevistas; tampoco los Estados Unidos  habrían logrado su independencia sin el apoyo de Francia y España, entonces en lucha con Inglaterra.

Creo que  tenemos que actuar políticamente contando con una situación duradera de hegemonizados. Sacristán lo intuyó y creo que fue un golpe tremendo para una mentalidad revolucionaria que lo dio todo por construir una hegemonía, al parecer, posible un tiempo contra Franco.

Cambiamos de temática si no te importa. ¿Por qué sostienes que en España ha habido jacobinismo pero no revolución nacional?

El jacobinismo fue la construcción de un Estado para la revolución con materiales  aportados de la tradición absolutista (algo que se ve muy bien por comparación con la revolución norteamericana). Esto se ha imitado en España, pero sin haber conseguido una revolución nacional, pues la República fue derrotada, exterminada y la “nación” sometida a terror duradero (algo por lo demás de larga tradición).

Te has manifestado a favor del nacionalismo emancipador. Para algunos esa afirmación no es sólo un oxímoron sino una contradicción mirada desde cualquier atalaya. ¿Puedes darnos ejemplos de nacionalismos emancipadores? ¿Lo son los actualmente activos en España?

¿Habéis oído hablar de la Revolución francesa?

¿Creéis que el epíteto de Libertador aplicado a Bolívar es falso? ¿Qué opinión os merecen Patricio Lumumba o Ho-Chi-Minh?

Por lo demás, no recuerdo haber hablado alguna vez de “nacionalismo emancipador”, ni  sé si es la mejor definición para la independencia política de Noruega, Finlandia, Irlanda, Letonia o Eslovaquia. A veces puede que simplemente no haya otro remedio.

Más allá de las finalidades, los procedimientos tomados por algunas vanguardias políticas nacionalistas (Yoyes, Hipercor, Lluch, atentado de la terminal de Barajas), ¿no les alejan de toda concepto consistente de movimiento político liberador?

No hay por qué comprarles a las “vanguardias” su pretensión de identidad con  un movimiento nacional; ni, mucho menos, a Garzón o Grande Marlaska.

Por otra parte vuestra argumentación ética, por necesaria que sea, no puede eliminar el análisis político; sobre todo, si el Estado se arroga la ética contra sus “enemigos” y en el fondo nos desposee de ella y de lo político a todos.

Hablas en tono crítico del jacobinismo español de la izquierda. ¿A quienes, a qué organizaciones te estás refiriendo?  ¿Puedes resumir tus críticas?

Me refiero ante todo al PSOE, a UGT y Comisiones Obreras, así como, menos comprometidamente,  a Izquierda Unida. En todo caso exceptúo el proyecto republicano que encabeza emblemáticamente Julio Anguita.

La fidelidad a este Estado se siente a veces hasta en sectores del anarquismo libertario. Es una pestilencia, de cuya contaminación es difícil librarse. Más que crítica hace falta alejarse.

¿Por qué, como has afirmado,  la mentalidad progresista tiene un nivel elevado de exclusión de la realidad y  piensa que no hay que pensar en cosas que no tienen la suficiente dignidad teórica?

Cuando te alejas de la realidad, cuando tratas de parar el tiempo, por ejemplo en 1978 (o incluso más atrás), no hay como recurrir a principios generales de los que te declaras intérprete autorizado, cuando no  delegas “cívicamente” en el Estado.

¿Qué opinión te merece la teología de la liberación? ¿Crees que lo que está sucediendo en Venezuela, Bolivia, Ecuador y países afines, merece el apoyo de las gentes de izquierda? ¿Se está construyendo el socialismo del siglo XXI?

América es una esperanza constante para todos y el apoyo es necesario (por apoyo no entiendo el turismo político).

En cuanto a la teología de la liberación, la miro caso a caso. Me causan mala impresión las caras bondadosas de vendedores de la Buena Nueva, constituyéndose en élite dirigente. ¿Continuación de la colonización de los marginados, desde luego de los indígenas? El mito del Cristo pobre, tan simpático en la historia de Europa, ¿tiene validez universal? ¿O deberían aplicárselo los europeos? En todo caso en cada situación determinada, a menudo desesperada, no sé qué efectos inopinados puede producir ese injerto.

Has sostenido que el boicot, el sabotaje y la traición son el grado cero de la política. ¿Grado cero de la política? Puedes precisar. ¿Por qué es así?

Cuando uno carece de personalidad política, cuando la ciudadanía es un mito y eso se percibe de algún modo, pero la resistencia no puede tener un lugar visible, el resultado es la deslealtad de masas. Ésta puede ser infantil y pasiva. Pero, pese a la pasividad aparente y aun a la colaboración obligada, también puede surgir en un momento el físico atómico que descubre al mundo la construcción de la bomba atómica israelí en la que ha participado, el funcionario que ya no traga y rompe su silencio, el juez que arruina su carera por ser justo, el intelectual poco “colaborador” o que en un momento determinado se sale del corro (como un antiguo profesor mío, Urs Jaeggi, que denunció la guerra de Vietnam “demasiado pronto” y ya nunca pudo ser catedrático en Suiza, su país).

Esto no es lo que se ha entendido por militancia y además ni siquiera da buena conciencia. Se trata de momentos que de algún modo mantienen el derecho a ser “persona” en el sentido romano, político, incluso siendo colaboracionista obligado. Lo que en cambio no exime de lo peor es creerse justificado por las buenas intenciones, como suele hacer ahora la izquierda visible.

¿Por qué crees que vivimos en una época de restauración como la que vivió Europa posterior al congreso de Viena de 1815? ¿Una repetición trágica o más trágica de la Historia?

Prevenir y sofocar la revolución sigue siendo la tarea. El Congreso de Viena tiene ahora nombres como “Comunidad internacional”,  “G8” o “Fondo Monetario”; la crisis económica lo está escenificando fastuosamente.

Esta repetición de la historia es hasta banal, pese a sus dimensiones. No me lo parece en cambio, y aquí si viene a cuento lo trágico, que los humanos sigamos tan incapaces como siempre de entendernos, cuando todos dependemos de todos más que nunca. La acumulación de poder nunca ha sido tan enorme, y, por otra parte, tanto los cauces políticos convencionales como la militancia vanguardista son ilusorios.

¿Existe hoy alguna posibilidad para la praxis de una izquierda trasformadora en España? Si no fuera así, ¿qué puedan hacer, qué podemos hacer, en tu opinión, la gente que nos reconocemos en esas posiciones políticas?

¿Por qué decís “transformadora”? ¿Para evitar “revolucionaria”? Ninguna revolución ha conseguido sus objetivos; “sólo” ha producido efectos. Pero quien no quiera lo imposible no conseguirá ni eso. Querer lo imposible, lo que no estaba en el guión, es algo fuera del alcance de esa izquierda; es muy distinto de hacer algo imposible, pero sí lo opuesto al oportunismo. No vale acunarse en la ilusión de poder guiar los procesos políticos, no vale la cobardía institucional ni sus pragmatismos, no hay un plan de ruta hecho. Sólo vale ser capaces de aprender entre todos. Trato de hacerlo y me voy buscando respuestas siempre entre dudas. Es muy importante quiénes vayáis teniendo de amigos.

Finalmente, una pregunta obligada para nosotros. ¿Cómo conociste a Manuel Sacristán? ¿Qué valoración haces de su obra?

Lo conocí dentro del Partido Comunista, cuando a mediados de los años 70 yo estaba pensando en volver a España. No coincidía con el marxismo de su Prólogo, entonces canónico,  al Anti-Dühring; pero él estaba ya evolucionando hacia el ecologismo y los movimientos sociales. Participé en su intento de editar en castellano las obras completas de Marx y Engels y colaboré en su grupo, primero en la revista “Materiales”, luego en “mientras tanto”, y durante unos pocos años tuve mucho contacto con él y con su grupo. A mí me reprochó que no tomaba suficientemente en serio lo religioso; después he ido reflexionando sobre esa advertencia (en parte bajo el influjo de Jakob Taubes).

F  ue de unas capacidades extraordinarias, en lo literario, filosófico y político, dentro del páramo que era aquella España. Pero la tarea de traer la revolución –que no pocos tuvimos por posible- le impuso un inmenso sacrificio y no le permitió ser un intelectual de “obra”.

Sólo quiero añadir una nota: me llama la atención que, siendo un introductor de la filosofía analítica en España, le dedicara su tesis a Heidegger. Esto me parece de un olfato muy fino a lo que ocurría en Europa. La “nada” de la lección inaugural de Heidegger en Freiburg, pudo muy bien responder, como ha dicho Taubes, a la conciencia del inminente fin catastrófico de la superrefinada, supercruel, superestúpida Europa de la ‘belle époque’ y de su alta cultura; pero quizás anticipaba también la nada política del ciudadano de después de la hecatombe.  Sacristán no tuvo el tiempo, ni estaba en el tiempo, de esta problemática; nunca pudo profesionalizarse como filósofo. Hizo otras cosas más urgentes también como intelectual.

Gracias por tu tiempo y por tu disponibilidad

Alexandre Carrodeguas y Salvador López Arnal
Kaos en la Red  13-11-2008

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El mapa del temps entra al debat polític

Publicat per neanias a 6 Maig 2009

La intenció del futur govern basc d’eliminar els mapes d’Euskal Herria es trasllada a Catalunya, on algunes veus reclamen l’eliminació del mapa dels Països Catalans de la informació meteorològica

L’arribada del PSE de bracet del PP a Ajuria Enea tindrà conseqüències ràpides i visibles en un camp que, aparentment, no hauria de ser matèria de tractament urgent. Es tracta dels mapes que utilitza ETB, la televisió pública basca, en les seves informacions meteorològiques. Segons els acords que possibilitaran l’elecció de Patxi López com a nou lehendakari, es durà a terme una “reforma profunda” de les ràdios i televisions públiques del País Basc en la qual en destaca la intenció de fer desaparèixer el concepte Euskal Herria, cosa que portarà a una modificació dels continguts informatius. Una de les conseqüències serà, precisament, el canvi dels mapes del temps, on no hi podran aparèixer aquells territoris bascòfons que no formen part de l’actual Comunitat Autònoma Basca.

Concretament, les Bases per al canvi democràtic al servei de la societat basca inclouen un apartat, el sisè, referit a EITB, en el qual s’especifica que “la línia editorial, així com les representacions gràfiques i infogràfiques de la programació d’EITB, s’inscriurà en la realitat política i institucional que representa la Comunitat Autònoma Basca, sense perjudici d’informar sobre el nostre entorn cultural o territorial.”

Aquesta qüestió ha portat a reclamar alguns polítics catalans a fer el mateix als mapes meteorològics de Televisió de Catalunya on, després de la informació del Principat i abans de la informació del continent europeu, s’informa del temps de la resta de territoris dels Països Catalans. Així, el president de Ciutadans, Albert Rivera, va assegurar en conèixer-se l’acord PSE-PP, que es mostrava partidari que un de similar a Catalunya portaria a eradicar el que va anomenar “el mapa de l’imperi dels Països Catalans”.

Els mapes com a ‘cosmovisions’
Tot plegat ha obert un debat sobre quin ha de ser el model informatiu a Televisió de Catalunya, on el mapa del temps pot ser considerat, de fet, només la punta de l’iceberg d”una determinada manera d’entendre les coses des d’un punt de vista polític. El diputat socialista Joan Ferran, cèlebre per les seves crítiques a la crosta nacionalista que, segons ell, impregna els informatius de Televisió de Catalunya i Catalunya Ràdio, també s’ha significat respecte al mapa del temps. “Tot i que hi ha una unitat cultural i lingüística de Salses a Guardamar -afirma Ferran-, el fet és que la unitat política dels Països Catalans no existeix”, raó per la qual es mostra partidari “d’un mapa físic en el qual no es transmeti una cosmovisió determinada”. Per Ferran cal mantenir un mapa que informi de la meteorologia a tot el domini lingüístic “però sense línies que creen separacions”, ja que aquest fet “pressuposa que marca els límits d’un país”. Tot i això, Ferran considera que la televisió basca ha d’aplicar la mateixa recepta, és a dir, “informar de l’àrea lingüística del basc però sense marcar fronteres”.

Tomàs Molina és el cap de meteorologia de Televisió de Catalunya i defensor de l’estat actual de coses: “Fem pronòstics per a Catalunya i també per al País Valencià i les illes Balears perquè és l’àrea natural nostra”, assegura, i alhora assenyala que en tots aquests territoris Televisió de Catalunya “disposa d’observadors que ens passen dades i a més hi tenim audiència, tot i que al País Valencià cada cop menys, a causa del tancament de repetidors”. Apunta Molina que sempre es fa un apunt del temps a Europa i que també s’informa del temps a Madrid al TN Vespre. El fet que no s’informi més d’Espanya també té el seu perquè: “Si alguna cosa fem bé és el temps de Catalunya, on hi ha la gent que ens entén i a la qual ens dirigim, i centrar-nos en aquest territori ens permet ser molt més detallistes”. Pel que fa a la lectura política de tot plegat, Molina, que assegura que “mai” s’ha sentit “al·ludit per la crosta nacionalista”, considera que sovint es fa “més controvèrsia que política” i que, en tot cas, la feina dels homes i dones del temps és “donar la millor informació possible”, una informació que passa per mantenir l’actual estructura.

De la lògica lingüística a la política
També defensa el model vigent el periodista Vicenç Villatoro, exdirector de TV3, que deixa clar que “el mapa del temps d’una televisió no és innocent”, en tant que “defineix des d’on emet i per a qui emet”. En un article recent, Villatoro també assegurava que tot i que “l’àmbit central de TV3 és Catalunya, també ho és el català” i en aquest sentit defensa que “el mapa d’una televisió o de qualsevol producte cultural el defineix fonamentalment la llengua amb què es fa” i considera que canviar aquest model per un de “circumscrit als límits polítics i administratius de la comunitat autònoma” passa per “substituir la lògica lingüística i cultural per la lògica política i administrativa”.

No ho veu d’igual manera Anna Balletbò, membre del Consell de Govern de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals a proposta del PSC, que defensa que “el mapa ha de ser més ampli” en nom d’un “pragmatisme” pel qual demana “saber si farà fred a Madrid o no, perquè hi viatjo sovint”. Des d’aquest punt de vista, Balletbò considera que “fer una previsió més àmplia és un favor a la gent”, però que no considera que això sigui “una qüestió ideològica” i, en tot cas, és del parer que a TV3 encara hi ha “pendent” un debat “a fons d’estratègia de futur”.

Mentrestant, a la televisió basca es viu a l’espera del que pugui passar després del traspàs de poders, conscients que arribaran temps de canvis definits per una voluntat inequívoca de PSE i PP de fer just el que denuncia Villatoro, és a dir, “substituir la lògica lingüística i cultural per la lògica política i administrativa”.

Diari Avui 27/04/2009

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